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Estatutos de las primeras sociedades de socorros mutuos de obreras

El 20 de noviembre de 1887, un grupo de obreras de Valparaíso fundó la Sociedad de Obreras N°1 de Socorros Mutuos, que "surgió desde una identidad de clase proletaria, y con el objetivo específico de proteger su deteriorado cuerpo sometido a las más duras condiciones del trabajo asalariado fabril" (Illanes, María Angélica. "La revolución solidaria. Las sociedades de socorros mutuos de artesanos y obreros: un proyecto popular democrático, 1840-1887". Polis. Revista Latinoamericana. Número 5, 2003, p. 44).

La Sociedad de Obreras N°1 de Socorros Mutuos estuvo compuesta por obreras de la industria costurera, telégrafas, cigarreras y tipógrafas. Entre los objetivos de la sociedad estuvieron: "1° Formar una caja de socorros mutuos y otra de ahorros; 2° Socorrer a las socias que se enfermen; 3° Fomentar la instrucción, la moralidad y el bienestar a fin de que puedan cooperar eficazmente al bien público" (Sociedad de Obreras N°1 de Valparaíso. Estatutos. Valparaíso: Imprenta y Litografía Inglesa de Westcott y Gill, 1890, p. 1-2).

La Sociedad admitía mujeres mayores de quince años y menores de treinta y cinco, quienes debían ser patrocinadas por dos socias, tener buena salud y buena conducta, pagar por la admisión, una cuota semanal y por el derecho de bóveda, es decir, derecho de sepultura.

Entre los beneficios recibidos por las asociadas, existió apoyo monetario ante enfermedades; en caso de afección grave, visita de las socias, gastos mortuorios para la socia y la familia afectadas; en caso de enviudar, la socia embarazada recibía ayuda económica. No hubo otras ayudas vinculadas a la maternidad, pues la atención se centró "en la desgracia, en la protección de su fuerza de trabajo como factor de producción y sobrevivencia; más allá de sus capacidades quedaba la maternidad que era parte de la vida y de lo cotidiano" (Illanes, p. 45).

Entre las socias fundadoras de la Sociedad de Obreras N°1 de Socorros Mutuos estuvieron Micaela Cáceres de Gamboa, Carmen Parada, Clorinda Vega de González, Enriqueta Koch, Adela N. de Silva, Tránsito Silva y Luisa Gacitúa.

Luego -por iniciativa de Juana Roldán, dirigente política obrera de Santiago- se fundó la Sociedad Emancipación de la Mujer, conocida posteriormente como Sociedad Protección de la Mujer, el 4 de marzo de 1888.

Las sociedades fundadas posteriormente siguieron la misma estructura que la de Valparaíso. Se presentaron como organizaciones para el bienestar, pero también para evitar el alcoholismo, la mendicidad, la prostitución y la delincuencia entre las mujeres. Estas se replicaron en Iquique, Antofagasta, Taltal, Atacama, La Serena, Santiago, Lota, Valdivia y otras ciudades industrializadas.

Algunas sociedades, como la de Copiapó, fundada en 1895, aceptaron incluso socias de otras nacionalidades y de cualquier credo religioso, además, aumentaron los años de admisión a cincuenta; entregaron el servicio de búsqueda de trabajo para las socias en "indigencia"; entregaron una pensión para las socias imposibilitadas de trabajar por vejez o por accidente; así como biblioteca y escuela de instrucción para las socias analfabetas (Estatutos de la Sociedad de Obreras y Socorros Mutuos de Copiapó. Valparaíso: Imprenta de la Librería del Mercurio, 1897, p. 7-8).

La aparición de estas organizaciones despertó inquietud entre los políticos y la Iglesia Católica, quienes fundaron la Sociedad de Obreras Católicas en 1893, en Valparaíso, con la finalidad de entregar "el socorro mutuo de las asociadas en el orden temporal e industrial, hacer extensivos en cuanto sean posibles estos beneficios a las familias de las asociadas y fomentar entre ellas la moralidad, la instrucción y el bienestar". Para ingresar a esta sociedad, las obreras debían pertenecer al credo católico y "gozar de buena reputación" (Estatutos de la Sociedad Obreras Católicas. Valparaíso: Talleres de la Escuela de San Vicente de Paul, 1897, p. 5-6).

A los beneficios sociales del resto de sociedades, la Sociedad de Obreras Católicas sumó un bono de cincuenta pesos, como "regalo de bodas", a "la soltera que habiendo estado por lo menos un año en la Sociedad, se casare católicamente" (Sociedad Obreras Católicas, p. 13-14).

Las fundadoras y representantes de las sociedades de socorros mutuos, redactoras de sus estatutos y promotoras de la expansión de este tipo de organizaciones, llegaron a participar, por ejemplo, en la Gran Asamblea de las Sociedades Obreras de Valparaíso (1894) y en la fundación de instituciones mayores, como la Sociedad Protectora de Señoras y la Sociedad de Obreras Sudamericanas (1894), la Sociedad Cosmopolita de Obreras en Resistencia (1903) o la Unión Social Femenina de Chile (1933).

La gran cantidad de organizaciones de obreras formadas a fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX y su extensión en el territorio nacional fueron recopiladas en 1923 en un apartado del Boletín de la Oficina del Trabajo del Ministerio de Industria y Obras Públicas, titulado "Asociación Obrera Femenina" (Oficina del Trabajo. "Asociación Obrera Femenina". Boletín de la Oficina del Trabajo. Ministerio de Industria y Obras Públicas. Año XIII, número 21, 1923, p. 184-192).

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