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La Unión Patriótica de las Mujeres de Chile

En las primeras décadas del siglo XX, las mujeres de la elite conservadora nacional, cercanas a la Iglesia Católica, crearon espacios de sociabilidad y medios de comunicación propios. Estas mujeres "ingresaron a la acción social a través de la caridad" y "el asistencialismo", con lo que intentaron tender "un puente de comunicación con las mujeres obreras" (Moreno, Claudia. "Cincuenta años de prensa de mujeres en Chile, 1900-1950". En Stuven, Ana María y Fermandois, Joaquín. Historia de las mujeres en Chile. Tomo 2. Santiago: Taurus, 2013, p. 324-325).

Durante la década de 1920, nacieron organizaciones como la Juventud Católica Femenina (1921), la Liga de Madres Cristianas (1923), la Archicofradía de Madres Cristianas, la Acción Nacional de Mujeres de Chile (1925) y la Unión Patriótica de las Mujeres de Chile (1925), entre otras.

La Unión Patriótica de las Mujeres de Chile fue una organización conservadora y aristocrática fundada en 1925. Entre sus objetivos estuvieron: impedir que se promulgaran "leyes anti-religiosas y anti-patrióticas"; "combatir la inmoralidad" de los cines y los espectáculos; y "negar todo concurso social y económico a la secta masónica condenada" por el papa León XIII (1810-1903). Asimismo, eran deberes de las socias: el pago de la cuota para mantener la propaganda y "vestir con modestia cristiana, haciendo guerra a las modas que ofendan el pudor" (Unión Patriótica de Mujeres de Chile. Estatutos. Santiago: Apostolado de la Prensa, 1925, p. 1-2).

La Unión Patriótica tuvo sedes y representantes en Tacna, Iquique, La Serena, Coquimbo, Ovalle, Valparaíso, Santiago, Talca, Linares, Arauco, Los Ángeles y otras ciudades del país. Entre sus miembros estuvieron su presidenta María Luisa Fernández de García Huidobro (1870-1938), escritora y dirigente política, conocida por su seudónimo Monna Lissa; Marta Aldunate de Subercaseaux; Rosa Errázuriz de Larraín; Magdalena de Castro Döll; María García Huidobro de Irarrázaval, entre otras.

La misión principal de la Unión Patriótica fue influir en las mujeres trabajadoras. Una de las estrategias para conseguir dicho propósito fue la creación del periódico político La Voz Femenina, que pretendía ser "un órgano dispuesto a recibir" las quejas de las obreras de Chile "y a hacer campañas por el mejoramiento material de sus faenas dentro de la justicia y del orden" (Fernández de G. Huidobro, Luisa. "La Voz Femenina". La Voz Femenina. Año I, número 1, 7 de septiembre de 1925, p. 3).

Además, el periódico manifestó su interés por mostrar la "vida regional" de distintas provincias, para dar cuenta "del desarrollo de sus instituciones, de su vida social" y se planteó como un instrumento que les iba a permitir a las integrantes de sus sedes "tener voz en la capital" y reclamar "abusos, ciñéndose a la más estricta verdad" (Fernández, p. 3).

La Voz Femenina se planteó como un medio de propaganda, pero también como un medio difusor de la cultura, la intelectualidad y la producción artística ceñida a los preceptos católicos, destinado a la "mujer cristiana de hogar que desarrolla sus actividades de soberana dentro del reino de su home" (Fernández, p. 3).

El periódico contó con columnas sobre temas religiosos y de contingencia política, difusión de espectáculos, literatura, canciones, una sección infantil con juegos y cuentos, una sección de moda, una "sección especial educativa" y con "consejos de cultura, de urbanidad, consejos prácticos de economía doméstica; el modo de aprovechar y embellecerlo todo; la elegancia dentro de los cortos medios" (Fernández, p. 3).

En sus portadas, el diario incluyó obras de arte con temáticas cristianas, personajes de la elite eclesiástica nacional, políticos y mujeres de la alta sociedad chilena.

La Unión Patriótica abogó por "el desarrollo profesional de las mujeres, pero sin abandonar sus labores de madre-esposa" dada la distancia educativa y cultural "que existía entre las mujeres profesionales universitarias de clase media y las mujeres de la elite, que recibían una limitada educación intelectual, la que era vista como un adorno o complemento a su femineidad" (Cerda, Karelia; Gálvez, Ana; Toro, María. "Ensayos, aprendizajes y configuraciones de los feminismos en Chile: mediados del siglo XIX y primera mitad del XX". En Históricas. Movimientos feministas y de mujeres en Chile, 1850-2020. Santiago: LOM, 2021, p. 43-44).

El último número de La Voz Femenina apareció en diciembre de 1925. No obstante, tuvo continuidad en el periódico La Unión patriótica de las mujeres de Chile, publicado entre diciembre de 1925 y diciembre de 1926, fecha de la disolución de la Unión Patriótica de Mujeres de Chile. Al año siguiente, en 1927, las mujeres pertenecientes a esta y otras organizaciones de elite, fundaron en Valparaíso la Unión Femenina de Chile.

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