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Homenajes a las cantineras de la Guerra del Pacífico

Durante el último periodo de la Guerra del Pacífico y en los años posteriores, los soldados, las cantineras y camaradas participantes en el conflicto recibieron diversos gestos en homenaje.

Uno de los primeros homenajes a las cantineras fue el artículo "Las amazonas del Ejército de Chile. La cantinera del 3°, Irene Morales", publicado en el periódico El Nuevo Ferrocarril en 1880. Este texto alabó la labor realizada por las cantineras en el campo de batalla, así como resaltó las figuras de Dolores Rodríguez e Irene Morales (1865-1890). Fue acompañado por una ilustración en la portada del periódico de autoría de Juan Gabellini en la que representaba a Morales (Vicuña Mackenna, Benjamín. "Las amazonas del Ejército de Chile. La cantinera del 3°, Irene Morales". El Nuevo Ferrocarril. Año I, número 194, 1880, p. 1).

Posteriormente, en 1883 y 1885, Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886) publicó los dos tomos de El álbum de la gloria de Chile.

En su primer tomo escribió sobre la participación de Irene Morales. En el segundo tomo, dedicó el apartado "Las cantineras del 2°" a "las agrupaciones femeninas asociadas a la guerra", que "ora con el manto majestuoso de la matrona romana, ora con el albo delantal de la virgen, ora con el traje pintoresco de las cantineras de batallón, se han acumulado en las fenecidas campañas y muchos de los cuales aparecen esparcidos en este libro de guerra" (Vicuña Mackenna, Benjamín. El álbum de la gloria de Chile: homenaje al Ejército i Armada de Chile en la memoria de sus más ilustres marinos i soldados muertos por la patria en la Guerra del Pacífico: 1879-1883. Tomo II. Santiago: Imprenta Cervantes, 1885, p. 588).

Vicuña Mackenna destacó a las cantineras Juana López y Leonor González -apodada la "Leona"-, quienes participaron en la campaña de Tarapacá; a María Quiteria Ramírez, a quien "le decían María la grande, por su estatura. Era una mujer joven, de 31 años, natural de Illapel, bastante bien parecida y mejor hablada. (…) Ella fue tomada prisionera al sucumbir su heroico comandante y que la había salvado un oficial del batallón Iquique llamado Aberistain, su conocido o amigo del puerto" (Uribe, Juan. Canciones y poesías de la Guerra del Pacífico. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1879, p. 215).

El 7 de octubre de 1888, cuando se inauguró el monumento al "Roto Chileno", Irene Morales recibió un homenaje en vida, al que asistió como invitada.

Al respecto, José Rafael Carranza destacó la presencia de "la heroica cantinera Irene Morales" en "aquella inolvidable ceremonia". Quien "había hecho gran esfuerzo para abandonar su lecho de enferma, momentáneamente, a fin de concurrir a este significativo acto patriótico. La popular cantinera estaba confundida entre la multitud; pero cuando el pueblo la reconoció, la colmó de atenciones y la hizo objeto de una ruidosa ovación" (Carranza, José Rafael. La batalla de Yungay. Monumento al roto chileno (recuerdos históricos). Santiago: Imprenta Cultura, 1939, p. 64).

Irene Morales inspiró también poemas que fueron publicados en la prensa chilena, pues -según Paz Larraín- "más que cantinera ella fue símbolo de la chilenidad, del coraje y abnegación de la mujer chilena" (Larraín, Paz. La presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico. Santiago: Ediciones Centro de Estudios Bicentenario Ediciones Universidad Gabriela Mistral, 2006, p. 53-54).

Gonzalo Bulnes (1851-1936) ­-en el segundo tomo de su obra Guerra del Pacífico (1911-1914)- resaltó la figura de Carmen Vilches, cantinera y combatiente del batallón Atacama en la batalla de Los Ángeles, de quien dijo que "su hazaña no pasó inadvertida por la opinión pública; prueba de ello es la carta que se publicó en el diario El Constituyente, donde se insinuaba que se le tributara un homenaje porque 'ayudó a detener a los peruleros'" (Larraín, p. 60-61).

El 6 de agosto de 1910, se realizó en Santiago la ceremonia de inauguración de la tumba de la cantinera y soldado, Juana López, fallecida el 24 de enero de 1904. "Hasta ese momento ella estaba sepultada en una tumba en la que solo había una sencilla cruz que recordaba a la heroína. Por gestiones de su hija, Ceferina Vargas, y por recomendación de un periodista, el Intendente Pablo Urzúa tomó la iniciativa de hacerle una reja a su tumba y colocarle una lápida de mármol que contaba en breves frases la historia de esta cantinera" (Larraín, p. 74). Las fotografías del acto fueron publicadas el 16 de julio de 1910 en el número 282 de la revista Zig-Zag con el título "En la tumba de Juana López".

El 7 de agosto de 1910, El Diario Ilustrado publicó el artículo "Las cantineras en el ejército", en el que las "heroicas mujeres que sirvieron al Ejército" fueron homenajeadas y se realizó un bosquejo biográfico de Mercedes Debia.

En el año 1922, José de la Cruz Vallejo publicó La Cantinera del Atacama: Doña Filomena Valenzuela G., mientras que, en 1929, Roberto Hernández publicó El roto chileno: bosquejo histórico de actualidad, que incluyó un apartado en el capítulo XI dedicado a "Las cantineras que pelearon en Tarapacá".

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