Cantineras y camaradas durante la Guerra del Pacífico (1879-1884)
Durante la Guerra del Pacífico, la presencia de las mujeres en los batallones se materializó en el oficio de cantineras y en las denominadas "camaradas", llamadas también "rabonas" en los batallones peruanos y bolivianos.
Las cantineras se preocupaban de la atención y alimentación de los soldados enfermos y prestaban "ayuda en los más diversos problemas que el soldado enfrentaba" (Larraín, Paz. La presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico. Santiago: Ediciones Centro de Estudios Bicentenario, Ediciones Universidad Gabriela Mistral, 2006, p. 32-33).
Como camaradas se conoció a aquellas mujeres que viajaron junto a los cuerpos militares para acompañar a sus familiares -esposos, hijos, hermanos o padres-; para participar en el conflicto bélico disfrazadas como soldados; o para encontrar una ocupación u oficio, entre otras razones. Al no ser reconocidas legalmente, fueron catalogadas por las autoridades como un problema para la organización interna del ejército movilizado (Rodríguez, Paloma. "Las mujeres en la Guerra del Pacífico y nuevos arquetipos de feminidad. La creación de la 'cantinera' y la 'camarada' en el discurso público chileno". En Representaciones sociales e imaginarios colectivos del género, el cuerpo y la sexualidad. Veracruz: Red Iberoamericana De Academias De Investigación AC, 2021, p. 261).
Según diferentes testimonios históricos, la primera ocasión en que se registró la presencia de las cantineras en el ejército chileno fue durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, donde destacó Candelaria Pérez (1810-1870). Esta mujer se enroló de manera voluntaria y fue reconocida como cantinera-enfermera cuando el ejército de Chile entró a Lima. Luego fue ascendida al grado de sargento por su participación en el combate del cerro de Pan de Azúcar y en la batalla de Yungay (Larraín, p. 34).
Las autoridades permitieron el ejercicio de cantineras en la Guerra del Pacífico debido a la dificultad para controlar la afluencia de las mujeres al norte, quienes se embarcaban junto con sus familias o disfrazadas de soldado. Sumadas además las solicitudes de las propias mujeres de acompañar al ejército (Rodríguez, p. 272).
Paulatinamente, el oficio de cantinera fue siendo aceptado como parte de los ejércitos, ya que suplía una necesidad durante las campañas militares. Por esta razón, su ejercicio fue regulado por ordenanzas especiales.
Mientras las cantineras fueron reconocidas por su labor benéfica, humanitaria y de cuidados, las camaradas fueron masculinizadas por su voluntad de ocupar roles militares como los hombres y llegaron a ser representadas como "un peligro público", al asociarlas con desórdenes o a enfermedades de transmisión sexual como la sífilis, sobre todo aquellas que entablaron relaciones personales con los soldados (Rodríguez, p. 261).
Las cantineras, para obtener su autorización como tales, debían tener "reconocida juiciosidad y buenas costumbres para prestar sus servicios en la enfermería particular del regimiento", junto con realizar labores solo "para ayuda de los enfermeros y de los preparadores del rancho". En cada regimiento eran permitidas solo dos mujeres "de moralidad reconocida" (Larraín, p. 40).
Sin embargo, en la práctica, hubo cantineras que participaron en todos los aspectos de la contienda bélica y fueron reconocidas incluso como soldados y miembros de los batallones. Los diarios militares, informes y comunicaciones oficiales e incluso la prensa dieron cuenta de esa situación.
Periódicos como El Nuevo Ferrocarril (1879-1881) destacaron la figura de estas mujeres. Así lo hizo, por ejemplo, Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886), permanente colaborador de El Nuevo Ferrocarril, quien escribió artículos sobre la guerra, entre los que destacó "Las amazonas del Ejército de Chile. La cantinera del 3°, Irene Morales", publicado en el número 194, del 12 de agosto de 1880, que fue acompañado de un grabado que representó a Irene Morales (1848-1890).
En dicho artículo, Vicuña Mackenna reprodujo la visión social negativa que existía sobre las mujeres al interior del ejército, aunque destacó la labor de las cantineras. Por ejemplo, sobre la participación de Dolores Rodríguez -la "cantinera de Zapadores", que estuvo presente en la batalla de Tarapacá-, escribió que "no fue, como se ha dicho, una heroína de amor conyugal, sino una virago encarnizada que mataba por la doble ebriedad del vino y de la sangre" (Vicuña Mackenna, Benjamín. "Las amazonas del Ejército de Chile. La cantinera del 3°, Irene Morales". El Nuevo Ferrocarril. Santiago: Imprenta La Estrella, año I, número 194, 1880, p. 1).
Para Vicuña Mackenna, las "verdaderas amazonas de la guerra" eran las mujeres chilenas que prestaron servicios de cuidado de los soldados, "honrosas excepciones", de "austera vida" que pusieron sus fuerzas al servicio del "duro trabajo de los campamentos". Vicuña Mackenna destacó, "entre las favorecidas, las dos desdichadas cantineras del 2° de línea, Leonor González y Juana [López], dos jóvenes costureras de Santiago, que sucumbieron cumpliendo la obra santa de las personas de caridad -curando a los heridos de Tarapacá" o la propia Irene Morales (Vicuña Mackenna, p. 1).
Contenidos del minisitio
- Filomena Valenzuela Goyenechea (1848-1924)
- Irene Morales Galaz (1848-1890)
- Cantineras y camaradas durante la Guerra del Pacífico (1879-1884)
- Homenajes a las cantineras de la Guerra del Pacífico
- La Cantinera (1881)
- Mercedes Debia ( -1913)
- Acciones de beneficencia en la Guerra del Pacífico
- Sargento Candelaria Pérez (1810-1870)
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