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Acciones de beneficencia en la Guerra del Pacífico

Desde los inicios de la Guerra del Pacífico, las mujeres de clase alta de Santiago, Valparaíso y otras ciudades del país, se organizaron para ayudar a las familias afectadas por el conflicto. Esta situación se dio, según Paz Larraín, debido a que el gobierno no disponía de los medios para ayudar a las "mujeres, niños y soldados heridos" que retornaban "desde las zonas de operaciones bélicas" y tampoco a las mujeres que "permaneciendo en sus hogares quedaban viudas" (Larraín, Paz. La presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico. Santiago: Ediciones Centro de Estudios Bicentenario: Ediciones Universidad Gabriela Mistral, 2006, p. 145).

En junio de 1879, un grupo de estas mujeres fundó la Sociedad Protectora de Santiago, con el propósito de "colectar fondos para socorrer las necesidades y mitigar los estragos de la guerra tanto en los soldados como en sus familias" (Larraín, p. 146). La Sociedad Protectora asistía a los hospitales para ayudar a los soldados heridos, apoyarlos en sus reclamos de sueldos y pensiones y mejorar las condiciones de sus hogares para su retorno.

Según la memoria anual de la Sociedad Protectora de Santiago, publicada en 1880, "los primeros socorros (…) fueron a las madres, hermanas o hijos de las gloriosas víctimas del 21 de mayo, naciendo de este hecho inmortal la preciosa institución del Asilo de la Patria, que desde los primeros días de junio albergó en su seno a los deudos de Serrano, de Aldea, de Manterola y otros valerosos defensores de la Patria" (La Sociedad Protectora de Santiago. Santiago: Imprenta de la Librería del Mercurio, 1880, p. 7).

De tal modo, a inicios de junio de 1879, se fundó también el Asilo de la Patria, destinado a socorrer a los huérfanos de la guerra, dirigido por el presbítero Ramón Ángel Jara (1852-1917) y apoyado por mujeres de la capital. En dicha jornada el Asilo realizó una actividad artística y cultural para recaudar fondos, cuyo programa fue publicado días antes.

El Asilo, según la memoria publicada en agosto de 1880, dio "habitación, alimento y educación a los hijos varones de los militares muertos en el ejército y armada de la República, (…) y aquellos niños que, no teniendo padres hayan perdido por la misma causa a su padre adoptivo, y a su único protector" (Larraín, p. 152).

En diciembre de ese mismo año se creó también el Asilo La Purísima, para albergar a niñas huérfanas.

El 15 de diciembre de 1879 se fundó en Santiago la Sociedad del Perpetuo Socorro, presidida por Dolores Vicuña Mackenna (1843-1882). Su objetivo fue "auxiliar a toda 'persona o familia que, teniendo algún deudo en el ejército no perciba mesada o asignación de persona alguna', pero no solo proporcionó casa y comida a las mujeres de los soldados que se encontraban en el ejército expedicionario del norte, sino también dio instrucción a los hijos de las mismas, para cuyo efecto fundó varias escuelas" (Larraín, p. 155-156).

En la memoria de 1881 de la Sociedad del Perpetuo Socorro, se relató brevemente la historia de la institución, se dio cuenta de los primeros donativos recibidos y la ayuda alimenticia comprometida y entregada diariamente por los trabajadores del barrio Matadero, lugar donde también se arrendó la primera casa de asilo. La memoria destacó, además, el trabajo de su directorio, compuesto por Tránsito Rodríguez, Lucrecia Calvo, Victoria y Luminanda Garrido, Dolores Santelices, Tránsito Vivanco, Javiera Errázuriz, entre otras mujeres (Memoria Anual de la Sociedad del Perpetuo Socorro. Santiago: Imprenta de la Estrella de Chile, 1881, p. 1-3).

El 1 de junio de 1879, se fundó en Valparaíso la Sociedad Protectora de Viudas y Huérfanos de los Mártires de la Patria. Esta tuvo como propósitos: "Proporcionar ocupación a los inválidos, a las viudas y a los demás protegidos que se encuentren en aptitud de trabajar (…). Socorrer como se pueda a los deudos de los que fallecieren en la guerra, a quienes no alcancen las pensiones o montepíos (…). Buscar asilo a sus protegidos, y especialmente a las mujeres y niños en los establecimientos de beneficencia o en casas de personas caritativas" (Estatutos de la Sociedad Protectora de Viudas y Huerfanos de los Mártires de la Patria. Valparaíso: Imprenta del Mercurio, 1879, p. 4).

El 30 de diciembre de 1879, se formó la Sociedad Protectora de Valparaíso. Los estatutos de la sociedad señalaron que iba a estar "encargada de proteger a los inválidos, a las viudas, a los huérfanos y a las demás personas que quedaren en desamparo por motivo de la guerra que sostiene la república". Entre los beneficios que otorgaba, destacaron la ayuda monetaria, incluidos gastos mortuorios; el asilo a mujeres y niños; el despacho "de títulos de montepío, cédulas de invalidez o pensiones de gracias a favor de sus protegidos"; así como la entrega de educación a los huérfanos (Estatutos de la Sociedad Protectora de Valparaíso. Valparaíso: Imprenta de la Patria, 1880, p. 3-4).

En todas estas organizaciones participaron mujeres, ya sea como miembros de la directiva, como organizadoras, financistas o como voluntarias. La prensa nacional destacó su labor, publicando, entre 1879 y 1881, portadas especiales, textos de enaltecimiento de sus figuras a través de perfiles biográficos y de sus obras benéficas. Entre las mujeres destacadas se encontraban Mariana Brown, Dolores Vicuña Mackenna, Lucrecia Calvo, Victoria Subercaseaux (1848-1931), Magdalena Vicuña Mackenna (1817-1913), la religiosa Melania Pause, Juana Ross (1830-1913), Isidora Goyenechea (1836-1897), entre otras.

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