La sombra del humo en el espejo
Augusto D'Halmar escribió en París, en el año 1918, el libro La sombra del humo en el espejo, en el que relató su viaje por Egipto, India, Suiza, Italia y Francia, entre 1907 y 1908, mientras trabajaba como cónsul de Chile. Fue publicado en 1924, en la ciudad de Madrid.
En la primera edición de La sombra del humo en el espejo, el libro incluyó cuatro capítulos, además de un prólogo que llevó el título "Primeros ensueños. Primer viaje" y un epílogo titulado "Último sueños. Último viaje". A partir de la segunda edición, que apareció en 1935, el volumen ya no incluyó la sección "Gatita. Costumbres de Perú" (Silva Castro, Raúl. "'La sombra del humo en el espejo' por Augusto d'Halmar". El Mercurio, 28 de enero de 1935, p. 3). "Gatita" ya había sido publicado, en 1916, en la revista Los Diez, editada por el grupo homónimo, en el que participó D'Halmar (Bourgeois, Louis. "Augusto D'Halmar, el Loti hispanoamericano". Hispanófila. Número 39, mayo de 1970, p. 49),
La sombra de humo en el espejo fue considerado "un cuaderno de viajes con una línea argumental y algo así como una narración, un diario de viajes con elementos de novela" (Bourgeois, Louis. "Augusto D'Halmar, el Loti hispanoamericano". Hispanófila. Número 39, mayo de 1970, p. 47) y también como uno de los relatos autobiográficos que escribió el autor en conjunto con su libro Nirvana. Viajes al Extremo Oriente, publicado en 1918 (Cottenie, Sebastián. "Inscripciones sobre el corpus d'Halmariano: tatuajes, reflejos y fugas en Nirvana y la Sombra del humo en el espejo". Literatura y Lingüística. Número 45, 2022, p. 47-48).
Respecto a los viajes relatados en el libro, Raúl Silva Castro indicó que fueron "narrados en una prosa elegante, fluida, armoniosa, que suele ondular como una voluta de humo -acaso de allí provenga su nombre sugerente- y contiene figuras exóticas, descripciones de sitios entrevistos y soñados, junto a las imágenes más precisas de lugares históricos y alguna divagación en cuyos términos el autor descubre su filosofía de la vida". Según Silva Castro, más que la precisión, a D'Halmar "le interesa la sugerencia de sus estados de ánimo frente a los sitios que visita o que recuerda" (Silva Castro, p. 3).
Uno de los aspectos en que la crítica se ha detenido en el libro es la figura de Zahir y su relación con D'Halmar. En el libro, se conocen en Egipto, mientras D'Halmar estaba visitando las pirámides en búsqueda de La Esfinge de Guiza. Desde este momento, Zahir acompañó a D'Halmar. Primero como guía de Egipto, luego como criado y también cuidador cuando D'Halmar padeció una enfermedad que le dejó el cuerpo completo con escamas y en una "prolongada inmovilidad" (D'Halmar, Augusto. La sombra de humo en el espejo. Madrid: Editora Internacional, 1924, p. 134-136).
Raúl Silva Castro -a partir de este episodio- indicó que se trató de una "amistad amorosa" y que "es común que en los libros de viajes se intercale tal o cual intriga amorosa o se cuenten episodios históricos, para aliviar la lectura". Acerca de la relación afectiva homosexual, Silva Castro indica que en La sombra del humo en el espejo "se narra con discreción un caso de amor griego en que son protagonistas" el narrador y Zahir (p. 3).
En relación con la enfermedad del protagonista y la figura de Zahir, Javier Guerrero ha leído este aspecto como un proceso de transformación del viajero, en el que "el estado del cuerpo enfermo, en transición, se acopla con el ideal amoroso de la novela. La transformación corporal de D'Halmar permite, entonces, la correspondencia y complementariedad amorosas" (Guerrero, Javier. "Itinerarios del cuerpo, economía y erótica del viaje en el entresiglo latinoamericano". Perífrasis. Volumen 12, número 13, enero-junio 2021, p. 29).
En particular, Guerrero mencionó que la escena del libro "en la que las manos de Zahir alisan la rugosa epidermis de D'Halmar, constituye el primer ensayo material homoerótico de la literatura hispanoamericana. La capacidad de alterar las normas reguladoras del cuerpo se materializa precisamente a partir de las coreografías de la enfermedad y de la anomalía que esta perpetra" (Guerrero, p. 29).
Respecto a la enfermedad narrada, Sebastián Cottonie señaló que se trató de "una huella metafórica (texto como reflejo del cuerpo) y una irrupción somática (texto como cuerpo) de aquella homosexualidad social y legalmente proscrita" en los años del centenario chileno. En el caso del libro, "en su propia carne, D'Halmar polemiza con aquellos discursos higienistas que pretendían extirpar las trazas homosexuales del cuerpo nacional" (Cottenie, p. 60).
Louis Bourgeois indicó que el personaje de Zahir pudo haberse basado, "por lo menos en el exterior", en el pintor chileno Rafael Valdés (1883-1923), uno de los miembros de la Colonia Tolstoyana y quien acompañó al D'Halmar "en su viaje a la India y le curó durante la grave enfermedad que contrajo en Calcuta, llamada fiebre palúdica y septicemia en diferentes lugares". No obstante, también señaló que Zahir recordaba por su función de "criado, guía y compañero" a un personaje de Aziyadé (1879) del escritor francés Pierre Loti (1850-1923). Por último, el crítico señaló que la construcción de Zahir pudo estar influenciada además por la lectura de L'immoraliste (1902) del francés André Gidé (Bourgeois, p. 47-48).
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