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La lámpara en el molino

En 1912, Augusto D'Halmar publicó el libro La lámpara en el molino, que reunió un conjunto de doce textos. La selección fue hecha por Fernando Santiván (1886-1973), quien editó el volumen mientras D'Halmar realizaba labores diplomáticas en el extranjero (Orlandi, Julio y Ramírez, Alejandro. Augusto D'Halmar: obras, estilo, técnica. Santiago: Editorial del Pacífico, 1959, p. 122).

De estos textos, el que ha recibido comentarios críticos más extensos fue la novela corta "La lámpara en el molino", en la que se ha visto una distancia estética con la primera novela del autor, Juana Lucero. En este sentido, según Miguel Ángel Díaz, la crítica consideró a "La lámpara en el molino" "como un capítulo melancólico y silencioso en la vida del autor en que se abandona a lo costumbrista para adentrarse en un impresionismo literario absorbente" (Díaz, Miguel. "Augusto D'Halmar". Premios nacionales de literatura. Tomo I. Santiago: editorial no identificada, 1985, p. 19-20).

Si bien ha existido consenso en que "La lámpara en el molino" fue escrita por Augusto D'Halmar antes de su viaje a la India, algunos han planteado que comenzó su escritura en 1904 y otros en 1906, "año en que fue efectivamente concluida" (Galgani, Jaime Alberto. Augusto D'Halmar: un proyecto cultural y literario a comienzos del siglo XX. Santiago de Chile: Ediciones UCSH, 2008, p. 169).

"La lámpara en el molino" tiene una primera parte de once capítulos y una segunda de once. En el texto, se presentó la historia de Lot y su hermana Germana, quienes vivían en un molino en un lugar indeterminado.

En relación con su recepción, hubo comentarios que expresaron cierto desconcierto ante la narración presentada por D'Halmar. Julio Arriagada y Hugo Goldsack indicaron que era "una obra extraña, cuyos personajes tienen más apariencia de fantasmas que de seres humanos. Un drama que ocurre en un ambiente que no se consigue nunca localizar, y cuya vaguedad hace pensar más bien en los paisajes del sueño que en los de nuestro mundo terrestre" (Arriagada, Julio y Goldsack, Hugo. Augusto D'Halmar. Tres ensayos esenciales y una antología. Santiago: Ministerio de Educación Pública, 1963, p. 61).

Arriagada y Goldsack señalaron que el libro dejó "perplejos a los críticos más avezados". Por ejemplo, se refirieron al juicio de Nathanael Yáñez Silva (1884-1965), quien calificó el texto como "cuento" y comentó que "peca por oscuro, vago, por falta de interés", aunque Yáñez también indicó que era "representativo de una faz muy amada por el autor, durante una etapa de su desenvolvimiento literario, cuando la literatura misteriosa, la literatura espiritista, por decirlo así, se enseñoreó de aquella alma tan fácil a las influencias, por lo mismo era tan sensible" (Yáñez Silva citado por Arriagada y Goldsack, p. 62).

En "La lámpara en el molino" se ha visto la influencia del escritor belga Maurice Maeterlinck (1862-1949). Según Jaime Galgani, en 1886, en París, este autor se relacionó con poetas simbolistas franceses, contacto que "marcó su estética antinaturalista e influyó en posteriores escritores". D'Halmar, tras leer sus obras, asumió "esta nueva inspiración, amalgamándola a otras tendencias presentes en sus lecturas, como en el caso del Modernismo de Darío". En "La lámpara en el molino", el autor chileno habría tomado el simbolismo que apareció en los primeros textos del escritor francés (Galgani, p. 169).

Según Galgani, en "La lámpara en el molino", D'Halmar recogió sus lecturas de Maeterlinck y cambió "su concepción frente a la obra literaria" por lo que "opera un giro sustancial con respecto a la novela experimental", en alusión a Juana Lucero. De este modo, acogió "un concepto místico de la vida, según el cual los destinos de los hombres están dirigidos por un poder secreto, lo desconocido. Y, así como el autor belga, sus personajes se agrupan unos alrededor de otros pero no se conocen. En ellos resuena el quebranto de indescifrables pasiones humanas, indefinibles, sujetas al arbitrio de unas razones inaccesibles tanto para el ser humano como para el artista que trata de expresarlas. Todo un mundo de verdades ocultas, tanto para los personajes entre sí, como para el narrador y el lector" (Galgani, p. 169).

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