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Luces y bemoles en el año del centenario de Teófilo Cid y Nicomedes Guzmán

Ambos escritores, si bien desde distintas corrientes y tendencias, representan un punto de inflexión en nuestra literatura. En 2014 se conmemoran, además, 50 años de sus respectivas muertes, ocurridas con una semana de diferencia.

26 de junio de 2014

Nicomedes Guzmán y Teófilo Cid

En 2014 se celebran los centenarios de Nicomedes Guzmán y Teófilo Cid, y además se conmemoran los 50 años de sus respectivas muertes.

Memoria Chilena.

En solo 50 años de vida, tanto Nicomedes Guzmán como Teófilo Cid entregaron algunas de las obras más definitorias para la literatura nacional. Uno desde la vereda del realismo, el otro desde la vanguardia. A pesar de sus diferencias de estilo, ambos fueron identificados como parte de la Generación del 38, grupo de escritores que hizo de las problemáticas sociales de la época su principal fuente de inspiración. A esta generación literaria pertenecen también Francisco Coloane, Eduardo Anguita, Andrés Sabella y Volodia Teitelboim.

Nicomedes Guzmán (25 de junio de 1914-26 de junio de 1964) fue, quizá, el único escritor de esta generación de extracción proletaria. Se trata, además, de uno de los primeros autores nacionales que aborda la realidad urbana y sus conflictos sin miramientos. Si bien su primera incursión literaria fue en la poesía, sus piezas más destacadas pertenecen al género narrativo: Los hombres oscuros (1939) y La sangre y la esperanza (1943), cuyos personajes se basan en familiares directos y amigos del propio autor.

De estas piezas -verdaderos fenómenos editoriales de su tiempo- diría Pablo Neruda: "Cuando Nicomedes Guzmán descargó sus libros tremendos, la balanza se vino abajo porque nunca recibió un saco tan verdadero. No era un costal de joyas. La verdad pesaba como una piedra. Los dolores llenaban aquellos libros andrajosos y deslumbrantes que se nos echaban a la conciencia" (prólogo a la segunda edición de La ceniza y el sueño).

La obra de Teófilo Cid (27 de septiembre de 1914-15 de junio de 1964), aunque mucho más diversa, también presenta rasgos del espíritu de denuncia de su generación, con libros como  El tiempo de la sospecha (1952), cuyo contexto es el Chile de Carlos Ibáñez del Campo, visto desde la perspectiva de un adolescente.

Ya en su etapa escolar, en su natal Temuco, Cid se vinculó con autores clave para el desarrollo de las vanguardias chilenas, como Braulio Arenas y Enrique Gómez-Correa. Con ellos fundó el grupo surrealista Mandrágora, el que abandonó luego de unos años. Dueño de una obra que abordó todos los géneros, el escritor no gozó en vida de la popularidad que tuvieron otros autores del 38. Murió pobre y con la salud deteriorada, y solo 7 días antes de que lo hiciera Guzmán.

En Memoria Chilena es posible encontrar cinco de sus obras disponibles para consulta y descarga gratuita, que van desde el volumen de cuentos surrealistas Bouldroud (1942) -que le valió críticas disímiles- a la reunión póstuma de crónicas y artículos de prensa ¡Hasta Mapocho no más! (1976), editada por Alfonso Calderón.

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