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El rodeo en el folclore tradicional chileno

Desde su desarrollo como actividades económicas agroganaderas, el rodeo, la trilla y la vendimia se convirtieron en instancias de sociabilidad popular campesina. El gran número de personas y familias que se congregaban a observar, participaban en las diversiones que rodeaban la faena, siendo su principal expresión las ramadas, armadas temporalmente alrededor del recinto, y las chinganas, espacios de diversión establecidos en las zonas rurales. En ambas primaba el baile, la música, la comida, la bebida y el juego.

La habilidad que se requería para manejar los miles de ejemplares de ganado de una hacienda, terminó por convertirla en un espectáculo. Los hacendados invitaban a familiares, amigos y vecinos a disfrutar de la destreza de sus jinetes y caballos, de los vistosos chamantos y arreos, y a participar de la celebración. Lo original de esta actividad hizo que tanto viajeros como artistas románticos, que visitaron el país durante el siglo XIX, se interesaran en ella como una expresión del mundo huaso y del folclore local. Por otra parte, también plasmaron su crítica a los accidentes producidos durante las carreras y a los pleitos y borracheras que se generaban en torno al rodeo.

En la actualidad la fiesta es un elemento central, en ella destaca la cueca, la elección de reina y otras diversiones tradicionales como el tejo y las carreras a la chilena. Desde los palcos de la medialuna, el numeroso público observa y anima a los competidores con gritos, vítores y aplausos y en los locales anexos se celebra a los ganadores de la jornada.

Múltiples poemas, cuentos y relatos populares han sido inspirados por el rodeo, como expresión de chilenidad y tradición popular. Uno de los personajes más representativos que nació en torno a esta práctica son las animadoras de rodeo, cantoras populares que nacieron al alero de las chinganas coloniales, donde alegraban a los comensales acompañadas del arpa y la guitarra. Ellas, inspiradas en el espectáculo del rodeo, se han especializado en un determinado tipo de tonada e interpretación que entonan a todo pulmón, animando el festejo con las temáticas alegres de sus cantos. Actualmente muchas recorren el país con su trabajo, alcanzando un alto nivel de profesionalización, grabando discos e imponiendo su canto en el escenario urbano del rodeo, donde se emplazan las principales medialunas.

La indumentaria propia del huaso, específicamente de los participantes de las corridas, significó el nacimiento de artesanos especializados en la producción de atuendos y aperos. La ornamentación de estribos y monturas se inspira en motivos de la naturaleza y el campo chileno y las vistosas mantas han llegado a ser un objeto de alto valor comercial, gracias a la consolidación del rodeo como práctica deportiva tradicional y a la reglamentación del vestuario de sus competidores. En los alrededores de la medialuna se desarrolla un comercio propio de estas especies que contribuye, junto con los lugares de diversión, a desarrollar una fuerte economía en torno al rodeo.