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“Dos poetas de poncho”

En Chile, el estudio de la lira popular se inició de la mano de Rodolfo Lenz (1863-1938) con la publicación de "La poesía popular impresa en Santiago de Chile" en los Anales de la Universidad de Chile en 1919, artículo que escribió originalmente en alemán en 1894. Posteriormente, otros investigadores, como Ramón Laval (1862-1929) y Julio Vicuña Cifuentes (1865-1936) realizaron estudios en torno a las tradiciones orales.

Como un antecedente de estos trabajos, Zorobabel Rodríguez publicó "Dos poetas de poncho" en La Estrella de Chile (1867-1879), artículo sobre la obra de Bernardino Guajardo (1801 o 1810-1865) y Juan Morales (1849-1879). Para Tomás Cornejo, este texto tiene valor documental como un testimonio temprano de los estudios de la lira popular chilena, ya que "refiere aspectos poco conocidos de la poesía popular impresa y sus cultores" ("Un testimonio temprano de la lira popular chilena: 'dos poetas de poncho". Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Volumen LXVIII, Número 2, 2013, p. 518).

Según lo explicitó Zorobabel Rodríguez, "Dos poetas de poncho" tuvo como propósito principal realizar un registro de algunas composiciones poéticas de Guajardo y Morales que, debido a su circulación en folios sueltos, era "dificilísimo, por no decir de todo punto imposible, consultarlas", a diferencia de las obras de los poetas que publicaban en libros o revistas (Rodríguez, Zorobabel. La Estrella de Chile. Año VI. Número 309, 1863, p. 856).

A la par de este registro, Zorobabel Rodríguez analizó algunas de las composiciones de Guajardo y Cornejo. Del primero, considerando la alta demanda de sus décimas en sectores populares, sostuvo que debían tener "algún mérito", a pesar de calificarlas inicialmente como carentes "de corrección, de gracia, de poesía y de verdad, y no pocas hasta de sentido. Sus chistes son las más de las veces groseros y de vez en cuando indecentes. Sus lecciones de geografía y astronomía hacen reír, y sus sermones no son siempre de la moral más pura" (Rodríguez, Zorobabel. La Estrella de Chile. Año VI. Número 304, 1863, 764).

Desde su visión conservadora, para Rodríguez, el valor de las composiciones de Guajardo radicaba en su lenguaje dirigido a un público popular, pues "les habla a sus compradores en su propio idioma: esa jerga mitad quichua y mitad castellano de cocina, que hablan nuestros peones y en general nuestras clases ignorantes", así como en los temas que trataba, familiares para su audiencia (Cornejo, p. 525).

Juan Morales, por su parte, además de poeta fue comerciante. Era ciego, por lo que contaba con un lazarillo que le leía las obras, tomaba nota de sus poesías y hacía de vendedor de sus composiciones. Acompañaba sus versos con su guitarra o guitarrón y contaba con "un oído delicado y apto para apreciar la armonía y las modulaciones del canto y de la música" (Dannemann, Manuel. "Juan Morales". Poetas populares en la sociedad chilena del siglo XIX. Santiago: Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile, 2004, p. 102).

En "Dos poetas de poncho", Rodríguez también recogió algunas composiciones de Morales, sin embargo, las refiere para contrastarlas con las creaciones de Guajardo. Si bien valoró la memoria y conocimiento de Morales, consideraba que era "mucho menos poeta que Guajardo: y es menos poeta porque es mas pretencioso, y por lo mismo que hace esfuerzos continuos por salir del mundo que vive, que es el que conoce y que a pesar de sus miserias es para los hombres de su condición la única fuente de fresca y de original poesía" (Rodríguez, Zorobabel. La Estrella de Chile. Año VI. Número 309, 1863, p. 857).

A partir del análisis y contraste de ambos autores, Rodríguez terminó su artículo con consejos para los "poetas de poncho". En cuanto al ámbito formal, sugirió que dejaran la construcción de décimas con pie forzado, porque con su uso perdían la espontaneidad, por lo que propuso que prefirieran el romance, "la forma clásica de la poesía popular española". En cuanto al fondo, aconsejó que los argumentos de sus composiciones los tomasen de "donde quiera el pueblo se reúna", es decir, de las circunstancias del día a día de la clase popular (Rodríguez, Zorobabel. La Estrella de Chile. Año VI. Número 309,1863, p. 859).