Camilo Mori, retratista
Desde sus primeras exposiciones y concursos de arte, Camilo Mori tuvo como motivo los retratos, especialmente en dibujo y pintura. Su primer premio artístico lo obtuvo por un autorretrato en el Salón Oficial de 1917 (Hasbún, Sofía. Camilo Mori como innovador de la pintura chilena. Memoria para optar al grado de Licenciada en Ciencias Sociales y de la Información, Universidad Gabriela Mistral, 2000, p. 11).
En 1950, el estudioso de la obra de Camilo Mori, Víctor Carvacho, señaló que el retrato era un tema al que Mori volvía entre "todos los vaivenes" de su trabajo artístico. Para Carvacho, Mori "continúa el oficio, de gran academia, bajo acentuada subjetividad hecha de lejanía y contemplación" (Carvacho, Víctor. "Lo permanente en el arte de Camilo Mori". Pro Arte. Año II, número 98, 6 de julio de 1950, p. 5).
Entre los retratos del autor, los creados durante la década de 1920 han recibido atención de la crítica, especialmente, los que elaboró luego de su regreso a Chile, en 1923, tras su estadía de tres años en Europa, periodo en el participó en el Grupo Montparnasse con otros artistas chilenos (Villegas, Lorena. "Un itinerario moderno". En Mori, Camilo. Camilo Mori los años modernos. Catálogo. Santiago: Corporación Cultural de las Condes, 2008, p. 148).
Sergio Montecino (1916-1997) planteó que "en toda la obra retratista de Mori hay un hálito renovador". Por ejemplo, de la pintura Boxeador (1923), indicó que "posee todo el sentido de la nueva revolución que en esos años los coetáneos de Mori comenzaron a imprimir a nuestras artes visuales". De La viajera (1928) comentó: "Contiene el soplo revolucionario que defendía, para salir triunfante finalmente del convencionalismo de la época que no admitía retratos que no hubiesen sido pintados con despliegues de espectacularidades para halagar al cliente" (Montecino, Sergio. Evocación del pintor Camilo Mori y la generación del año 40. Santiago: Instituto de Chile, Academia de Bellas Artes, 1980, p. 18).
Sobre este periodo de Mori, Sofía Hasbún resaltó la influencia del pintor Paul Cézanne (1839-1903), en su orientación "a lo esencial de las formas. Hay una búsqueda por alcanzar la síntesis, la austeridad formal". La autora indicó que La viajera y Boxeador eran cuadros representativos de esta etapa. Sobre La viajera, por ejemplo, indicó que "no tiene elementos que se opongan a la pureza y la expresividad de las formas. Aquí se deja atrás las pinceladas fragmentadas impuestas por el impresionismo" (Hasbún, p. 48-49).
La pintura Retrato de Maruja Vargas corresponde al mismo periodo. Mori pintó este retrato al óleo de su esposa en 1927, en Buenos Aires. Tomó "como referencia una fotografía de Maruja capturada en 1924 en un estudio fotográfico de la ciudad de Valparaíso". Según Jasmina Terioska, esta obra tiene un "marcado acento expresionista" que "evidencia las influencias de pintores contemporáneos del momento" (Terioska, Jasmina. "Retrato de Maruja Vargas (1927) por Camilo Mori: Tres momentos de una obra de arte". Recuperado de Crítica.cl. Fecha de consulta: 28 de mayo de 2026).
Mori continuó realizando retratos durante su vida y, hacia las décadas de 1930 y 1940, pintó algunos por encargo (Hasbún, p. 17). En 1950, unos meses antes de ser galardonado con el Premio Nacional de Arte, Camilo Mori fue uno de los participantes de la exposición El retrato en la plástica chilena, que se realizó en enero en el Museo de Bellas Artes, en celebración del centenario de la Escuela de Bellas Artes.
Respecto a la pertinencia del género del retrato como motivo para la exposición, la revista Pro Arte indicó que el retrato, en estos últimos tiempos, "ha tenido que superar el mayor número de crisis y aquel sobre el cual se han venido haciendo los más obscuros presagios. Pese a esas dudas, lo vemos en nuestros días no solo vivo como género plástico sino que totalmente renovado e iniciando una nueva etapa artística" ("Exposición del retrato en la plástica chilena". Pro Arte. Año II, número 77, 5 de enero de 1950, p. 24).
La exposición clasificó la obra de Mori como parte de la generación de "jóvenes actuales, que está representada en esta muestra con un número de obras suficientes para formarse un cabal concepto de ellas, se manifiesta, como en todos los demás países americanos en la hora actual, con caracteres eclécticos, en un estado más bien de transición, buscando nuevos rumbos y tratando de formarse una técnica y una estética nueva de acuerdo con las actuales modalidades de la plástica" (p. 24).
Pablo Burchard (1875-1964), Olga Eastman, Carlos Isamitt (1887-1974) y Laura Rodig (1901-1972) participaron en la exposición, entre otros artistas.
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