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La Ilíada de Guillermo Jünemann (1902)

Guillermo Jünemann Beckschäfer fue un sacerdote chileno de origen alemán que, como traductor, llevó a cabo las primeras versiones castellanas en el contexto latinoamericano del Antiguo Testamento y de La Ilíada de Homero.

Nació en la antigua provincia de Westfalia, el 28 de mayo de 1856 y murió en Tomé, Concepción, en el año 1938. Arribó a Chile junto a su familia, específicamente a la ciudad de Puerto Montt, cuando tenía 8 años de edad. Según contó en sus memorias, Mi camino: Apuntes autobiográficos sobre mi labor crítica (1939), a los 16 años fue condecorado por Ignacio Domeyko (1802-1889), entonces rector de la Universidad de Chile, "debido a su admirable dominio del latín"; llegó, además, a ser rector del seminario de Concepción, "así como párroco y capellán" (González Schaín, Andrés. "Jünemann: la primera Biblia chilena y de Latinoamérica". Revista de Ciencias Religiosas. Volumen XX, 2011, p. 69).

Como estudioso de la literatura publicó libros sobre estética literaria, literatura universal y española (Mora Caldas, Jorge. Los libros, aporte bibliográfico, las bellas artes e investigaciones históricas. Tomo I. Pasto, Colombia, 2013, p. 68). Sin embargo, su trabajo en la traducción lo ha situado como un antecedente en el contexto particular de los estudios de lenguas clásicas en Chile.

Escasos en el periodo colonial, los estudios de griego en específico fueron impulsados durante el siglo XIX a través de dos focos principales: el eclesiástico y el humanista clasicista (Pereira Salas, Eugenio. "Los estudios griegos en Chile. A propósito de un libro: Hesíodo, Los trabajos y los días". Anales de la Universidad de Chile. Año 122, número 131, julio-septiembre de 1964).

En 1844 el griego se incorporó formalmente al Instituto Nacional con la cátedra del helenista francés, Luis Ernesto Vendel-Heyl (1791-1854). Tras su muerte, fue continuada durante el siglo XIX por su hijo Emilio Vendel-Heyl, Justo Florian Lobeck (1798-1869) y José Roehner, en periodos consecutivos (Pereira Salas, p. 208-209)

En el ámbito eclesiástico, el estudio de lenguas clásicas se vivió de manera paralela. El griego fue declarado obligatorio en el Seminario Pontificio de Santiago en 1844. Sin embargo, durante sus primero años, por ausencia de profesores idóneos, los alumnos del seminario participaron de las clases impartidas en el Instituto Nacional, hasta que en 1863 asumió como profesor de griego de esta institución el Presbítero Luis Vergara Donoso (1842-1909), quien "ocupó casi su vida entera en enseñar en el Seminario la lengua griega" (Pereira Salas, p. 210).

En este panorama histórico, el trabajo como traductor de Jünemann, sumado al de estudiosos como Emilio Vaisse (1860-1935), aunque esporádico, resaltó por sus versiones directas del griego del Nuevo Testamento (Concepción, 1928) y de La Ilíada de Homero.

Esta última traducción, realizada en versos endecasílabos, fue publicada en la ciudad de Concepción en el año 1902 y constituye la primera versión latinoamericana del texto homérico, además de ser, en el contexto del siglo XIX, una de las escasas versiones castellanas, sumada a la publicada en Madrid, España, por José Gómez Hermosilla en 1831.

La Ilíada de Jünemann, además, constituye un antecedente en el renovado interés por la traducción del clásico de Homero que se vivió durante la primera parte del siglo XX, periodo en el que aparecieron traducciones ya tradicionales como la publicada en prosa en 1908 por el español Luis Segalá y Estalella, la versión parcial en versos alejandrinos del argentino Leopoldo Lugones, realizada entre 1915 y 1924, las traducciones publicadas en Madrid por Juan B. Bergua en 1932 y José María Aguado en 1935, y las versiones latinoamericanas de López Álvarez, publicada en Colombia en 1937, y la de Alfonso Reyes, en versos alejandrinos, publicada tras su muerte en 1951 (Rucavado Rojas, Mario. "Aspectos de la traducción del verso épico". VI Congreso Internacional de Letras | 2014. Transformaciones culturales. Debates de la teoría, la crítica y la lingüística. Universidad de Buenos Aires, p. 1518-1519).