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Expedición por la Araucanía

Entre los meses de enero y febrero de 1845, Ignacio Domeyko realizó un viaje a los territorios del sur del país, específicamente a la Araucanía, Wallmapu o Ngülumapu, que, para entonces, se dividía entre la provincia de Arauco (1852) y los territorios fronterizos, que se fueron ampliando desde 1860 a partir del plan de expansión nacional y colonización, proceso que culminó en 1887 tras la denominada "pacificación de la Araucanía", campaña militar de ocupación que redujo las posesiones mapuche en favor del Estado chileno.

En el contexto de dicho plan de anexión territorial, como forma de encontrar recursos naturales explotables por el Estado y por privados, científicos e intelectuales como Ignacio Domeyko fueron fundamentales, ya que a través de sus conocimientos se hizo posible estudiar esos espacios alejados e inhóspitos, y, al mismo tiempo, legitimar científicamente el proyecto nacional, económico y cultural de la elite (Aliste Salvo, Valentina. "Develando el territorio para la nación: el saber geográfico como herramienta de control, racionalización y ocupación del territorio mapuche en el siglo XIX". Boletín Electrónico de Geografía (BeGEO), número 2, p. 1-17).

En su viaje por tierra, acompañado por su discípulo Manuel Munizaga, Domeyko llevó un diario que posteriormente sería la base para dos obras: Araucanía y sus habitantes (1846) y Memoria sobre la colonización en Chile (1850). El diario de viaje y la composición posterior de estos textos correspondieron a dos momentos de reflexión antropológica comunes a los viajes científicos, con una primera etapa de observación, análisis y comentario a través de la escritura cronológica y ordenada del diario; y una segunda etapa en que el autor realiza una síntesis razonada de sus observaciones, es decir, un texto ordenado bajo el método y lógica científica (Gallardo, Viviana. "Domeyko y su viaje a la Araucanía: la construcción narrativa del mundo indígena en los albores del Chile republicano". HistoReLo, Revista de Historia Regional y Local, volumen 12, número 24, mayo-agosto de 2020, p. 19). Durante su viaje Domeyko hizo dialogar dos formas de ver lo indígena, primero una etapa histórica, a través de la lectura de libros clásicos como La Araucana de Alonso de Ercilla (1533-1594) y de las crónicas coloniales, donde el mapuche o araucano es idealizado y contextualizado en la denominada guerra de Arauco; y una segunda visión más antropológica, en que el científico se ve enfrentado a una realidad diversa y particular al interior de la vida comunitaria, cotidiana y doméstica de los habitantes del territorio sur de Chile (Gallardo, p. 21-22).

En ese sentido, el relato del científico siguió una lógica que entremezcló la descripción geográfica y sus impresiones personales con datos históricos de la conquista y colonización española. Esto último, le ayudó a caracterizar a los mapuche como sujetos duales, entre los heroicos araucanos que se enfrentaron a un imperio en los siglos XVI y XVII y los agricultores, ganaderos y comerciantes rurales del siglo XIX que intentaron negociar su autonomía con el Estado chileno.

Siguiendo su método científico, Domeyko tuvo un genuino interés intelectual en la cuestión indígena, basado en su visión eurocéntrica, que lo llevó a pensar la situación desde la dicotomía civilización-barbarie, y caracterizó al "indio" como salvaje, a pesar de que estos no vivían, según su propio relato, tan distinto a parte importante de la sociedad chilena. Respecto a la relación entre chilenos y mapuche escribió que "otros deseos y pensamientos llevarán a estos parajes al culto chileno, amante de su patria, él que viendo la rapidez con que la riqueza, el orden, la civilización se extienden en su agraciado país, extraña que en el seno de esta misma patria constituida una nación libre, soberana, viva todavía un puñado de hombres salvajes, extraños a la divina luz del cristianismo. Él sabe que otra sangre corre por sus venas y otro fuego arde en su alma; pero como hijo del mismo continente, de las mismas costas y montañas, quiere tender la mano a sus valientes hermanos y ellos desconocen su palabra, desconfían de su hermandad, de su civilización y de su Dios" (Domeyko, Ignacio. La Araucanía y sus habitantes. Santiago: Imprenta Chilena, 1846, p. 2).

El trabajo de Domeyko en la Araucanía fue de gran relevancia para los políticos de su época, puesto que presentó a la opinión pública la cuestión territorial y las profundas diferencias sociales que pervivían entre chilenos y mapuche, y que "la amplia difusión de las dos ediciones de la obra fueron coadyuvantes para que los hombres de gobierno y del congreso fijaran su atención en esta importante cuestión para la consolidación territorial de la embrionaria nación chilena; asunto que sí estaba en los proyectos de estadistas de gobiernos extranjeros, como por ejemplo Francia" (Piwonka, Gonzalo. "Domeyko y la Araucanía chilena". Anales de la Universidad de Chile. Sexta serie, número 14, julio de 2020, p. 79).

El científico polaco-lituano constató la existencia de diferentes estratos sociales entre los habitantes mapuche de la Araucanía, entre los que predominaban los hacendados con cierta riqueza, traducida en la tenencia de la tierra, cabezas de ganado y de caballares. La riqueza de los mapuche, según Domeyko, se basó en la herencia o en recompensas por servicios prestados a la República durante y después de la guerra de Independencia. Para él, era fundamental integrarlos al país y formarlos en la fe católica y la nacionalidad chilena.

Luego de su descripción cultural y antropológica, dedicó gran parte de La Araucanía y sus habitantes a exponer sobre los métodos que hasta entonces se habían utilizado para avanzar sobre la anexión de ese territorio y como algunas de estas iniciativas habían fracasado. Estos métodos o sistema de inserción consistieron en el ejercicio de las armas y la guerra directa contra los mapuche; la interacción pacífica a través del comercio y el dialogo político; y un tercero, que era para Domeyko el más acertado, la evangelización y educación de los mapuche bajo los lineamientos educacionales, religiosos y económicos oficiales del Estado chileno.

Estuvo a favor de restablecer las antiguas misiones católicas y fundar escuelas en cada pueblo de la Araucanía. Propuso además la instauración de un jefe militar y civil encargado de administrar la provincia, idea que fue implementada desde 1860 a través de la figura de Cornelio Saavedra (1821-1891), quien fue intendente y general del ejército del sur durante y después de la ocupación.

También planteó la creación de un "capitán de indios", que debía funcionar como líder de las comunidades frente al Estado y propuso la adquisición de todos los terrenos que no fuesen utilizados por los mapuche de la zona y que tuvieran las características necesarias para ser productivos. Esta acción debía ser acompañada por una buena división del territorio, para evitar la acumulación de tierras y la formación de grandes latifundios. También le interesó favorecer los servicios militares con la entrega de tierras, bajo la condición de que fueran explotadas permanentemente. Y solo en última instancia, fomentar la colonización extranjera, ya que creía que se debía favorecer la colonización por parte de chilenos visados por el gobierno.

Si bien ambas obras de Domeyko tuvieron una buena recepción en el público, tuvo igualmente críticos, como Andrés Bello (1781-1865), Miguel Luis Amunategui (1828-1888), Manuel Montt Torres (1809-1880), entre otros, quienes creían que un plan pacífico como el del científico polaco-lituano era difícil de implementar, y, además, por la visión negativa que tuvieron estos intelectuales sobre las misiones religiosas que, según ellos, habían fracasado. Quienes sí tomaron en cuanta a Domeyko fueron figuras como Antonio Varas (1817-1886), Vicente Pérez Rosales (1807-1886), el padre Victorino Palavicino (1847-1859) y el propio Cornelio Saavedra, quienes fueron los precursores de la ocupación definitiva (Piwonka, p. 100-112).

Tanto La Araucanía y sus habitantes como Memoria sobre la colonización en Chile, donde profundizó aún más sus ideas de colonización y anexión, tuvieron varias reediciones y fueron parte del corpus bibliográfico e intelectual que acompañó el proceso de ocupación hacia principios del siglo XX cuando la soberanía nacional se consolidó en ese territorio y se modificó la legislación relacionada a las colonias del sur.