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Marcial Cabrera Guerra (1871-1914)

Marcial Cabrera Guerra fue poeta, periodista, editor y crítico. Nació en Talca en 1871, ciudad en la que, joven aún, dio sus primeros pasos en la poesía y, luego, en el periodismo incendiario que caracterizó la carrera que desarrolló en Santiago. En 1895 encabezó la sección noticiosa del órgano radical; algunos años más tarde comenzó a colaborar en diarios como La Ley. En esta publicación, caracterizada por el liberalismo ateo, Marcial Cabrera realizó una tarea de crítica y de satirización de las costumbres y prácticas de la sociedad chilena, apuntando sus dardos hacia los órganos conservadores. Además, entre 1898 y 1899, se hizo cargo de un suplemento literario que publicaba este diario, llamado Anexo dominical, al que contribuyó como poeta, crítico y, especialmente, como editor de literatura de la época.

Tanto Virgilio Figueroa (Diccionario histórico biográfico y bibliográfico de Chile, tomo II, 1925-1931, p. 308), como Julio Molina Núñez (Selva lírica: estudio sobre poetas chilenos, 1917, p. 411-412) afirman que su mayor contribución a la cultura nacional fue la revista Pluma y Lápiz, donde volcó su visión crítica hacia los sucesos de la actualidad bajo el seudónimo «Jean Guerrette» y encauzó sus intereses literarios. Guerrette abrió camino a varios escritores de su tiempo y su iniciativa resultó decisiva para el surgimiento de una generación que renovó la poesía chilena: «La casa San Carlos 639 era el hogar de Guerrette y el hogar de la revista. Guerrete era simpático y tenía talento. Había en él cierto magnetismo que atraía al seno de su bohemia a los intelectuales jóvenes de aquella época. En San Carlos 639 se reunían, charlaban, leían versos, preparaban el material del semanario» (Molina Núñez, julio. Op. cit., p. 411). Escritores jóvenes como Víctor Domingo Silva, Jorge González, Ricardo Prieto, Osvaldo Palominos, César Muñoz Llosa, Manuel Magallanes Moure, Pedro Emilio Gil, Jorge Prieto Lastarria y Santiago Pulgar, entre otros, acudieron a él en busca de una salida literaria a sus escritos. «Cabrera Guerra, ante todo, estimulaba, enseñaba los nuevos rumbos, las orientaciones futuras. A través de sus impresiones artísticas soplaban ráfagas del aire azul de Francia» (ibíd.).

La revista Pluma y lápiz fue también su último aporte a la sociedad chilena: «Le sirvió de antesala a su locura y a su muerte» (Figueroa, Virgilio, op. cit., p. 309). Luego de vivir una vida bohemia y sibarita, un problema neuronal lo obligó a recluirse en una casa de salud, donde encontró la muerte en 1914.