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Alturas de Macchu Picchu

El disco Alturas de Macchu Picchu se concibió en París a fines del año 1980, cuando a la residencia de Los Jaivas, conocida como el castillo Les Glycines, arribó el productor peruano Daniel Camino, quien los conminó a realizar una cantata latinoamericana sobre la base de la poesía de Pablo Neruda. Presionándolos durante los primeros meses del año siguiente, Camino consiguió que el conjunto se embarcara en la idea; leyera el Canto General y se inspirara para la creación de la música y selección de los poemas correspondientes, relacionados con esa magna ciudadela inca que ninguno de los integrantes del conjunto había visitado.

La mayor parte de las canciones fueron grabadas en los estudios Pathé Marconi, participando en el proceso el prestigiado técnico Daniel Michel. Hacia julio de 1981 el trabajo estaba completo, contando en su carátula con una pintura de la piedra sagrada Intihuatana, obra de René Olivares.

Fue el momento, entonces, del reecuentro con Latinoamérica con ocasión de la gira promocional de este nuevo álbum. En agosto de 1981 el grupo arribó a Argentina con gran impacto público. Realizaron presentaciones en varias ciudades del país, todas con gran éxito de taquilla y crítica, hasta que llegó el momento de retornar a Chile. Realizaron el mismo año tres presentaciones en el teatro Caupolicán, en Santiago. El recital se transformó en, seguramente, el primer gran evento de música rock y la primera gran reunión masiva pública de la juventud desde el inicio de la dictadura.

Con posterioridad, en septiembre, se trasladaron a Macchu Picchu para realizar un especial para televisión. En medio de cierta polémica por el posible deterioro de las ruinas, Los Jaivas tuvieron que filmar entre la madrugada y las 11 de la mañana, y después de las cinco de la tarde, ocasión en que el sitio arqueológico se encontraba libre de la presencia de turistas. Fue así como se dio a luz esta obra audiovisual, que tuvo en la narración a Mario Vargas Llosa, y que fue presentado en Chile por canal 13 de la Universidad Católica.

El disco tuvo posteriormente varias reediciones, se grabó en vivo y se interpretó con orquestas de música clásica. Constituyó un referente para Latinoamérica en lo que a rock con raíces implicaba, y fue, además, la gran llave para el reencuentro definitivo del grupo con Chile, el año 1981.