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Novelistas contemporáneos chilenos

Tipo: Cápsulas

En las décadas de 1950 y 1960, los autores chilenos volvieron a incursionar en la novela histórica. Y ya a partir de 1970, volcaron su mirada hacia los "momentos fundacionales, es decir, las etapas del descubrimiento, Conquista y, en general, el período colonial, lo que conlleva la relectura de los textos canónicos que dan cuenta de dichos proceso históricos, especialmente las crónicas, las relaciones, las cartas del conquistador, que constituyen los pretextos que serán deconstruidos por el discurso alternativo del creador literario" (Eddie Morales Piña. "Brevísima relación de la nueva novela histórica en Chile", Notas Históricas y Geográficas, (12): 182, 2001).

En este nuevo renacer, la novela histórica basa su contenido en copiosa documentación. Asimismo, los autores chilenos leen disciplinadamente no sólo los libros de Benjamín Vicuña Mackenna, Francisco Encina y Jaime Eyzaguirre, entre otros, sino que también llevan a cabo una revisión completa de cartas, crónicas, diarios íntimos y de viajes.

Aún cuando surgen numerosas publicaciones, en Chile la tendencia no es tan acusada como en otros países de Latinoamérica. Según Mentor Seymour, "este fenómeno puede explicarse por la mayor preocupación de los novelistas chilenos contemporáneos por el pasado inmediato, o sea el golpe militar contra el gobierno de Allende en 1973, la dictadura de Pinochet y las experiencias en el exilio de varios novelistas" (La nueva novela histórica de la América Latina, 1979-1992. México: Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 37).

Los escritores más destacados de este periodo son: Benjamín Subercaseaux (Jemmy Button, 1950); Fernando Santiván (El mulato Riquelme, 1951); Francisco Xavier Mendez (Hijo de Virrey: novela histórica: la venturosa infancia y adolescencia de un libertador, 1953); Jorge Inostrosa, que publica numerosas novelas históricas; Carlos Droguett (100 gotas de sangre y 200 de sudor, 1961); Francisco Simón (Martes tristes, 1985); Guillermo Blanco (Camisa limpia, 1989); Mercedes Valdivieso (Maldita yo entre las mujeres, 1991) Darío Osses (El viaducto, 1994); Pedro Staiger (La corona de la Araucanía, 1997) y Jorge Edwards (El sueño de la historia, 2000), entre otros.

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