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La reina de Rapa Nui (1914)

La reina de Rapa Nui (1914)

Tipo: Cápsulas

En 1914, Pedro Prado publicó La reina de Rapa Nui, su primera novela, dedicada al artista chileno Juan Francisco González (1853-1933), quien también fue parte del grupo Los Diez, del que Prado fue uno de los fundadores.

Este texto, que fue la primera narración novelesca que "se escribió en Chile sobre la isla" (Montecino, Sonia y Foerster, Rolf. "Feminización y etnificación: La Reina de Rapa Nui de Pedro Prado". Revista chilena de Literatura. Número 90, 2015, p. 152), ha sido leído desde distintos ejes: en su vinculación con Alsino y Un juez rural, las otras novelas del autor; a partir del cruce entre historia y ficción; y desde las perspectivas del colonialismo y el género.

La obra presenta un relato enmarcado: un muchacho encuentra el manuscrito de un amigo, luego de su fallecimiento. Decide rehacer el escrito y hacerlo público. El manuscrito se centra en un joven reportero del diario El Heraldo de Valparaíso que viaja a Isla de Pascua, donde se relaciona con sus habitantes y con la reina, Coemata Etú. Durante su estadía, el viajero conoce los problemas de la isla por la intervención de unos sacerdotes misioneros y las rivalidades entre los propios nativos. A medida que avanza la narración se presenta un nuevo elemento conflictivo en la trama: la inminente sequía que pone en peligro a sus habitantes y al entorno natural.

Respecto de la recepción del libro, Hernán Castellano Girón (1937-2016) mencionó que las tres novelas de Pedro Prado representaron un "signo de modernidad en la prosa chilena" del tiempo. Para explicar esta afirmación se basó en la idea de Ricardo Gullón sobre los dos impulsos del modernismo literario: uno centrífugo -el indigenismo- y otro centrípeto -el exotismo-. En el caso de La reina de Rapa Nui, la obra "no hace sino inscribirse en esta dimensión centrífugo / centrípeto. Es más, es en el centro desplazado donde la novela se afirma en la modernidad. El paisaje, el topos chileno, para fundarse se desplaza hacia la mítica Rapa Nui, que pertenece más bien al ámbito de lo legendario, por todas las etnomitologías que circundan tanto el origen de sus habitantes, su folklore, como su prodigioso arte estatuario" (Castellano Girón, Hernán. "Signos de modernidad en las novelas de Pedro Prado". Hispamérica. Año 18, número 52, 1989, p. 36).

Desde otro punto de vista, Marisol Galilea realizó un análisis de la novela señalando su condición híbrida, entre historia y ficción, a la vez que propuso la existencia de un trasfondo apocalíptico-catastrófico marcado por el contexto histórico en que se desarrolla la narración.

En relación con el aspecto híbrido, la obra se ambienta hacia 1870, cuando Rapa Nui aún no era anexada al territorio chileno y estaba regida por Jean-Baptiste Doutrou-Bornier (1834-1876) -en la novela solo "Bornier"-, marinero y comerciante francés que llegó en 1868 a la isla con el objetivo de hacerse fortuna, autoproclamándose como rey. "Este nuevo rey bautizó las costas de su nuevo reinado como Ste. Marie de Rapa Nui" y tomó por esposa a Koreta, isleña de noble estirpe ("La reina de Rapa Nui de Pedro Prado (una mirada desde la catástrofe)". Espéculo. Revista de estudios literarios. Número 45, 2010, p. 5). En La reina de Rapa Nui, la relación histórica entre Bornier y Coemata Etú es solo sugerida cuando se menciona que "el jardín de Bornier se confundía con el de la reina" (Prado, Pedro. La reina de Rapa Nui. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1983, p. 24). Otro elemento que refiere a un dato histórico es la presencia de misioneros franceses y el conflicto con los nativos de la isla, entre quienes seguían la monogamia y se unían en matrimonio cristiano -prácticas promovidas por los sacerdotes- y quienes no lo hacían.

El trasfondo apocalíptico-catastrófico estaría representado en elementos como el problema de la sequía en la isla, anunciada como profecía por parte de uno de los sabios, Coturhe Uruiri. Desde este momento, "la reina, el narrador y los isleños en general, vivirán aguardando el fin" (p. 8). Un fin esperado en dos sentidos: "Fin en la acepción de término, significa que, de no caer agua, el pueblo morirá de sed; pero también es un fin en la acepción de finalidad, pues es en el tiempo de espera del ansiado elemento, que el pueblo se concentra únicamente en la llegada de las lluvias purificadoras, y la guerra o los lamentos por las consecuencias de la injusticia humana, dejan de tener relevancia" (p. 8).

También considerando el trasfondo histórico, pero desde una mirada colonial y de género, Rolf Foerster y Sonia Montecino señalaron que la novela funciona como un dispositivo colonial "que devela la colonialidad chilena naturalizando la dominación a través de la representación literaria que ofrece", a la par que la legitima "por medio del ensamblaje entre género y etnicidad" (p. 157). En la novela esta mecánica se haría visible en algunas "torsiones" en los registros históricos que, a la vez, insinuarían y ocultarían la "historicidad conflictiva" de la relación entre el Estado de Chile y la isla.

Una de estas torsiones, por ejemplo, estaría representada en la figura de Coemata Etú, quien es mostrada como la jefatura política femenina de la isla -y no un ariki, término que refiere al rey hombre-, quien en la ficción tiene su cargo, debido a que su padre falleció en un barco esclavista peruano luego de ser raptado. Para Foerster y Montecino, Prado, al representar el poder monárquico en una mujer, "saca a luz el suceso histórico y con ello el doble y contradictorio gesto de romper con la genealogía de arikis hombres, pero al mismo tiempo que visibiliza el poder político femenino, lo elimina al hacer morir a Coemata Enú (sic)".

Un gesto similar estaría marcado en el título que le da a la novela pues conserva el nombre "Rapa Nui" para la isla antes que la denominación católica, Isla de Pascua. De esta forma, "al 'bautizo católico' Prado opone el tahitiano con el que se autonombraron los propios isleños y con ello enlaza género y etnicidad como una fórmula para hablar de los 'otros' exóticos y simultáneamente colocar una pregunta por su diferencia" (p. 158-159).

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