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la transformación de Santiago

A principios de la década de 1870 comenzó a plantearse la necesidad de llevar a cabo una remodelación de la capital, destinada a ordenar su planta y trazado, embellecer sus espacios y dar respuesta a los problemas originados por el incipiente crecimiento urbano. Inspirado en las ciudades europeas que conoció durante sus viajes y con el antecedente del Plan Haussman, modelo de mejoramiento urbano implementado en París entre los años 1853 y 1870, Benjamín Vicuña Mackenna, en su calidad de Intendente de Santiago, diseñó un proyecto de modernización que no solo procuró realzar la cara de la ciudad, sino también convertirla en un reflejo del progreso cultural y económico.

El programa contempló, por una parte, el adoquinado de vías, la expansión de las redes de alumbrado y agua potable, y la organización de la seguridad y el transporte. Pero también se propuso ir más allá de lo material y transformar las conductas de sus habitantes, erradicando la mendicidad, persiguiendo la prostitución y luchando contra los constantes brotes de enfermedades que mermaban la calidad de vida en la capital.

Este plan de remodelación fue complementado con un plan de embellecimiento de la ciudad, cuyo mejor exponente, sin duda alguna, fue la transformación del cerro Santa Lucía en un hermoso y elegante paseo público.