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El Estandarte Católico (1874-1891)

Este periódico apareció el 20 de julio de 1874 como una necesidad de adaptarse a las nuevas formas de hacer política a través de la prensa.

Las leyes laicas comenzaban su más dura fase de aprobación y la Iglesia necesitaba un órgano que pudiese responder diariamente a los ataques, contraatacando con las mismas armas que sus adversarios. Es por esto que la Iglesia decidió terminar con la publicación de la Revista Católica y embarcarse en la del Estandarte Católico, en una posición claramente confrontacional. Era un diario propio del clero, sometido a la autoridad de la Iglesia. Los trabajos preparativos para su publicación corrieron por parte de los presbíteros Jorge Montes, Rafael Fernández Concha y Crescente Errázurriz, quien estaba encargado de la redacción principal.

A través de este nuevo órgano, la Iglesia enfrentó las iniciativas parlamentarias liberales de los gobiernos de Aníbal Pinto, Domingo Santa María y José Manuel Balmaceda, argumentando contra la secularización de la educación, del matrimonio, de los cementerios y la promulgación de las legislaciones asociadas, así como de la institucionalización requerida, esto es, la creación del registro civil.

Con editorial, crónica extranjera y nacional, folletines, contingencia política y noticias diversas, respondió a una estructura muy similar a la de sus pares de la época. Algunos de sus directores fueron: Crescente Errázuriz, Rafael Fernández Concha, Ramón Astorga, Jorge Montes y Ramón Saavedra. En sus páginas escribían personalidades y periodistas de la talla de Zorobabel Rodríguez, Rodolfo Vergara, Esteban Muñoz y José Clemente Fabres, entre otros. Entre sus colaboradores destacan: Luis Campino Larraín, Carlos E. Cerda, Mauricio Cristo, Manuel Foster Recabarren, Oscar Gacitúa, Rómulo Garrido, Carlos Grez Torres, Rómulo Mandioca, Rafael B. Gumucio y Rafael Egaña, entre muchos otros.

Terminó de publicarse al estallar la Guerra Civil de 1891, con el cierre de los periódicos y el estado de sitio declarado por el gobierno de José Manuel Balmaceda.