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Planteamientos doctrinarios

Desde sus orígenes el radicalismo chileno se caracterizó por su oposición al Estado "portaliano" y su carácter conservador, autoritario, centralizador y que propendía a la concentración del poder en la figura del presidente de la República.

El laicismo propuesto por los miembros de las primeras asambleas radicales puso en discusión la influencia de la Iglesia Católica sobre la política nacional. Esto abrió diversas polémicas en torno a la libertad de culto y educación y a la laicización del Estado, que se vieron reflejadas en periódicos, pasquines, proclamas y otros medios de comunicación.

En la primera Asamblea Radical de 1863 se presentó el programa mínimo que, entre otras ideas, propuso trabajar por la reforma de la Constitución de 1833; la libertad de asociación e imprenta; democratizar y reorganizar la Guardia Nacional; ampliar la instrucción primaria obligatoria. Buscaron diferenciarse también del liberalismo tradicional que tendió a asociarse con el conservadurismo. Se propuso, además, modificar la composición interna del Partido Radical, que pasó de ser un partido burgués a representar a la clase media -funcionarios estatales, profesionales, pequeños y medianos empresarios- y a sectores de la clase trabajadora, sobre todo obreros y artesanos organizados en clubes políticos, mutuales y mancomunales (Palma Zúñiga, Luis. Historia del Partido Radical. Santiago: Editorial Andrés Bello, 1967, p. 33).

Por su parte, la Convención Radical de 1888 sentó las bases político-programáticas del partido y definió su actuar durante la última década del siglo XIX y las dos primeras del XX. En su declaración política incluyeron "el respeto del derecho de sufragio; libertad individual; autonomía municipal y provincial; separación de la Iglesia del Estado; reorganización y autonomía del poder judicial; enseñanza gratuita, laica y obligatoria; mejoramiento de la condición de la mujer; reducción del número de empleados públicos y mejoramiento de la condición de los proletarios y obreros" (Salazar, Gabriel y Pinto, Julio. Historia contemporánea de Chile I. Estado, legitimidad, ciudadanía. Santiago: LOM, 2018, p. 213).

La Convenció creó la Junta Central del partido, encargada de "mantener a las Asambleas departamentales al corriente del movimiento político, de amparar en el ejercicio de sus derechos a los miembros del partido, de convocar asambleas generales o convenciones, de cooperar a los trabajos eleccionarios de los distintos departamentos de la República y de propagar los principios radicales en el país" (Partido Radical. Programa y documentos de la Convención Radical de 1888. Santiago: Imprenta de "La Libertad Electoral", 1889, p. 4-5).

Buscó disminuir las tensiones que se generaron al interior del partido durante los periodos eleccionarios de 1881 y 1886, puesto que un grupo importante de radicales tuvo la intención de llevar un candidato del partido. Finalmente se impuso el liberalismo y Domingo Santa María (1825-1889) se convirtió en representante de la Alianza Liberal y fue electo presidente en 1881. Las relaciones internas se tensionaron nuevamente con la designación de su sucesor en la presidencia en 1886, Manuel Amunátegui Aldunate (1835-1892).

Respecto del sistema político, al presentar el parlamentarismo como alternativa, se argumentó que "este régimen es el único que, dada nuestra organización social, nuestro estado económico y moral, y nuestros hábitos y costumbres, puede proporcionarnos gobiernos de opinión, respetuosos del derecho y con prestigio y poder para cumplir sus fines. (…) hemos de escoger entre un sistema que permite el gobierno de los mejores y más aptos ciudadanos, regulado por la opinión popular, y el régimen personalista o cesáreo, que entrega a un solo hombre, sin cualidades y sin virtudes a veces, la dirección y administración de la República" (Partido Radical, p. 7-8).

La Convención puso énfasis también en los problemas educacionales. El diagnóstico plasmado en el programa fue que la educación nacional "tan descuidada entre nosotros, adolece de defectos graves; es empírica, incompleta e inconducente. Debe dedicársele atención preferente, la misma atención que se presta a la persona y a los bienes de los ciudadanos; debe obedecer a principios científicos, debe ser dada al hombre y a la mujer, y debe tener una finalidad social. (…) ha de ser no solo ilustradora de la inteligencia sino educadora del espíritu y del cuerpo. Ella tiene por objeto formar ciudadanos (…) que pueden cumplir sus deberes cívicos y morales, comprender sus derechos y satisfacer sus necesidades personales y de familia" (Partido Radical, p. 10-11).

Respecto a la condición moral y material de los pobres y los trabajadores del país se señaló que "el Estado puede y debe por la instrucción, la enseñanza de artes, la fundación de cajas de ahorros, la desgravación de impuestos, el estímulo para la construcción de buenas habitaciones y otros medios, hacer salir de su triste condición actual a esa masa de chilenos. Es esta una obra útil, patriótica, política y necesaria" (Partido Radical, p. 16).

Sobre la organización económica del país, se planteó el fomento a la industria desde una perspectiva liberal, se descartó el proteccionismo y presentaron una posición contraria a los monopolios para abatir "los obstáculos que impiden su iniciación y crecimiento, sean ellos materiales o morales. La construcción de vías públicas, de puertos, embarcaderos y muelles, el abaratamiento de los transportes en las empresas del Estado, una legislación aduanera liberal y prudente, la abolición y disminución de impuestos antieconómicos e innecesarios, son, entre otros, medios adecuados y directos para obtener el fin que se busca sin alterar las leyes de la libertad". La base de ese reformado sistema económico debía ser la marina mercante, ya que "la configuración del territorio, la índole del pueblo, la posición geográfica y las necesidades comerciales hacen de Chile un país marítimo. (…) ella se formará y podrá vivir después, siendo una fuerza y una fuente de riqueza, bajo el régimen de la más amplia y libre concurrencia" (Partido Radical, p. 17).

Esos postulados doctrinarios fueron ratificados y profundizados en las siguientes convenciones, incluyendo la re-publicación del programa de 1888. La doctrina social, por su parte, fue expuesta en otros textos como El problema de la cuestión obrera ante el programa del Partido Radical (1903), donde se presentó medidas como la reglamentación de la higiene pública, nuevos proyectos de instrucción primaria y fomento de las escuelas talleres, aumento de las escuelas rurales y fundación de escuelas ambulantes; reformas de aranceles aduaneros para disminuir el costo de los bienes de primera necesidad; reglamentación del trabajo de mujeres y niños; implementación de políticas públicas contra el alcoholismo, los juegos de azar y la prostitución, entre otras medidas.

En la primera década del siglo XX, los problemas sociales que aquejaron a la sociedad chilena generaron un cambio en la definición de principios del Partido Radical, que se hizo efectivo en la convención de 1906, acercándose más a ideas de carácter socialista, aunque rechazaron la filiación con el socialismo marxista o comunismo. Dicha postura implicó la lucha por mejoras en las condiciones de vida de la clase trabajadora y los sectores populares, el fortalecimiento del Estado y una mejor redistribución de la riqueza.

A pesar de su inclinación contraria al "balmacedismo" durante la Guerra Civil de 1891, el Partido Radical se mantuvo conectado con las ideas liberales, siendo parte de una segunda alianza liberal denominada Unión Liberal, que en su momento llegó a incluir al Partido Nacional y mantuvo la hegemonía política del liberalismo hasta el gobierno de Arturo Alessandri Palma (1868-1950).

Entre 1900 y 1925, el Partido Radical fue precursor de la mesocracia nacional, es decir, la llegada al poder y la administración del Estado de miembros de la clase media, grupo social que vio en el Partido Radical un espacio para representar sus intereses y luchar por sus demandas de cambio social, contrarias al elitismo imperante en los partidos Liberal, Conservador y Nacional.

Su reforma interna se fortaleció en las décadas de 1920 y 1930, cuando los cambios sociales y la crisis económica del capitalismo empujaron a ciertos sectores políticos a buscar un cambio en la estructura social y el sistema productivo chilenos, con lo cual el Partido Radical terminó aliándose con los partidos Socialista y Comunista para representar definitivamente a los sectores populares.