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Recuerdos Literarios (1878)

"Cumplo un grato deber estampando este nombre al frente de un escrito que está destinado a recordar sucesos que han influido en el movimiento literario de Chile." (Lastarria, José Victornio. Recuerdos literarios. Santiago: Imprenta de la República de Jacinto Núñez, 1878, p. 4).

En Recuerdos Literarios se expone el desarrollo de las letras nacionales durante la segunda mitad del siglo XIX, con el fin de plantear la existencia de una tradición propia en la historia literaria chilena. Esta suerte de "recuento" del estado de la literatura en el Chile decimonónico deja ver la estrecha relación entre el ejercicio intelectual y su contexto socio-político inmediato: la instauración de una nación.

La contingencia define al oficio literario en términos amplios pues no solo hace referencia a las obras de ficción, sino a todo escrito memorialístico, propedéutico o crítico que cumpla una labor intelectual. Ejemplo de ello son las revistas o periódicos de la época, en los cuales colaboraban pensadores liberales pertenecientes a los más diversos ámbitos del saber; entre estos se encuentran El semanario de 1842, El Progreso o La Revista de Santiago. La discusión de temas, puntos de vista, la publicación de discursos inaugurales son parte constitutiva de estos recuerdos que buscan afianzar una nación desde la consolidación de la institución literaria. "Hemos necesitado presentar, así en perspectiva, aquella faz de nuestra historia política, para explicar mejor en estos Recuerdos nuestra acción en el desarrollo intelectual durante toda aquella época" (p. 234).

La acción progresista de los intelectuales se deja ver en la fundación de la Sociedad de la Igualdad en 1842, quienes se reúnen en busca de la regeneración de ideas, así como de su implantación en donde ciencia política y desarrollo literario están estrechamente unidos: "Pues en 1844 el número de obras sube a treinta y ocho, en el año siguiente a cuarenta y ocho, en 1846 a ochenta y así continúa el aumento de los libros en los años posteriores, excepto el de 1847, siendo de advertir que a lo menos una cuarta parte son reimpresiones, que hacen nuestras prensas de obras extranjeras de bella literatura, lo que demuestra la difusión del buen gusto y de la afición a la lectura. No se extrañe que volvamos a llamar la atención a este asombroso progreso, puesto que él confirma de verdad de que el movimiento iniciado en 1842 trajo por resultados la emancipación social de las preocupaciones del antiguo régimen y una amplia libertad de juicio y de palabra, resultados que se afianzaban por la concordia que se estableció a principios de 1843 para trabajar por el desarrollo intelectual (…) aunque todos deseaban el progreso intelectual, no todos lo servían del mismo modo, y de aquí la intermitencia de su marcha" (p. 230).