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Academia de Bellas Letras (1873-1881)

La Academia de las Bellas Letras se fundó en Santiago, el año 1873, gracias a la labor conjunta de un grupo de intelectuales liberales chilenos vinculados al Movimiento literario de 1842, como José Victorino Lastarria (1817-1888) y Miguel Luis Amunátegui (1828-1888).

Las inquietudes intelectuales, políticas, filosóficas y literarias de Lastarria cobraron nuevos bríos con la fundación de la Academia por dos grandes motivos. En primer lugar, siguió estando presente uno de los objetivos centrales de su pensamiento, que era lograr la liberación intelectual y moral del pueblo chileno ante la pervivencia de resabios del antiguo poder colonial que, desde su punto de vista, impedían la libertad civil, política y económica necesaria para el progreso de Chile. En segundo lugar, Lastarria creyó imprescindible restablecer instancias de discusión y debate para hacer frente a la reacción política católica y conservadora vigente en el país.

Influenciada por el pensamiento de la filosofía positivista europea de autores como Augusto Comte y Emile Littré -los que Lastarria, ya desde 1865, venía estudiando- la Academia fue un centro de divulgación de la doctrina liberal del positivismo.

Algunas de las publicaciones generadas por los integrantes de la Academia fueron reproducidas en la Revista de Santiago, que Fanor Velasco (1848-1907) y Augusto Orrego Luco (1848-1933) fundaron en 1872, entre ellas, el discurso inaugural pronunciado por José Victorino Lastarria o el discurso de aceptación de Daniel Barros Grez (1834-1904).