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Academia de Bellas Letras (1873-1881)

En abril de 1873, se fundó la Academia de Bellas Letras, agrupación de intelectuales que tuvo como propósito "el cultivo de la literatura como expresión de la verdad". Estuvo influenciada por la filosofía positivista europea de autores como Auguste Comte (1798-1857) y Émile Littré (1801-1881), los que José Victorino Lastarria (1817-1888), director de la Academia, veía estudiando ya desde 1865 (Saldivia, Zenobio. "El positivismo y las ciencias en el período finisecular del Chile decimonónico". Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades. Año 13, número 25, 2011, p. 184)". Entre sus fundadores se hallaron Diego Barros Arana (1830-1907), Miguel Luis Amunátegui (1828-1988) y Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886).

A diferencia de otras agrupaciones de intelectuales del siglo XIX como la Sociedad Literaria y el Círculo de Amigos de las Letras fundado en 1859, la Academia de Bellas Letras fue una agrupación que contó con bases, diplomas, escudos y un lema: "Afirmar la verdad es querer la justicia". Contó con el apoyo económico del empresario minero Federico Valera Cortés de Monroy (1826-1906) -promotor del concurso literario conocido como Certamen Varela-, quien tuvo el título de "Académico protector". Entre sus participantes se encuentran "los personajes más ilustres de la vieja guardia liberal, como Jacinto Chacón, M. Luis Amunátegui, Diego Barros Arana y Benjamín Vicuña Mackenna; americanos egregios como Eugenio María de Hostos; miembros de la masonería como el Dr. Allende Padín; jóvenes de la elite ilustrada con afinidades liberales y también algunos jóvenes de capas medias que recién se inician en el Partido Radical" (Subercaseaux, Bernardo. "Liberalismo positivista y naturalismo en Chile (1865-1875)". Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año 6. Número 11,1980, p. 12).

En sus bases, se indicó que la Academia "tiene por objeto el cultivo del arte literario, como expresión de la verdad filosófica, adoptando como regla de composición y de crítica, en las obras científicas su conformidad con los hechos demostrados de un modo positivo por la ciencia, y en las sociológicas y obras de bella literatura, su conformidad con las leyes del desarrollo de la naturaleza humana". A partir de estas ideas, se organizó en tres secciones: Sociología, Ciencias y Bella Literatura (Lastarria, José Victorino. "Bases aceptadas por los fundadores". Sud-América, 25 de junio 1873, p. 431-432).

En su Discurso de inauguración, Lastarria indicó la importancia de establecer relaciones con otros pensadores americanos, ya que "no porque la naturaleza nos ha ya encerrado y aislado en los hondos senos de estas montañas, dejamos de ser solidarios en la causa de la civilización democrática de nuestro gran continente. Tenemos el deber de unirnos a los que, como nosotros, sirven en las demás secciones americanas al progreso moral, a la regeneración social, a la realización de la síntesis democrática por medio del desarrollo intelectual, que es el primer agente del progreso, porque es su fuerza motriz y directiva" (Lastarria, José Victorino. Revista de Santiago. Tomo 3, número 1, 1872-1873, p. 641).

En relación con su funcionamiento, en sus reuniones, los miembros presentaban trabajos ante los otros integrantes. En sus primeros cuatro años, se leyeron "115 trabajos de creación y crítica literaria, 119 de ciencias sociales y 24 de ciencias físicas y naturales; se celebran dos certámenes de teatro y uno de novela y se publica un libro de homenaje a Andrés Bello. Además, se discuten las teorías de Comte, se perfilan las distintas corrientes del positivismo" y en sus reuniones se debatió acerca de la educación científica de la mujer en 1873 (Subercaseaux, p. 19), entre quienes participaron Lucrecia Undurraga (1841-1901) y Rosario Orrego (1831-1879), la primera mujer en ser miembro de esta academia.

Uno de los eventos organizados por la agrupación fue el Certamen Literario de poesía con el tema "la fraternidad en el trabajo", celebrado en el año 1875 en el contexto de la Feria Internacional de Santiago, en el que fue premiado Eduardo de la Barra Lastarria (1839-1900) con el poema "Canto a la Fraternidad de la Industria" (Subercaseaux, p. 10).

La divulgación de los trabajos presentados en la Academia de Bellas Letras se realizó por medio de publicaciones de carácter científico-literario. Así, en los primeros años de la asociación, las conferencias leídas aparecieron en la Revista de Santiago (1872-1973), dirigida por Fanor Velasco (1848-1907) y Augusto Orrego Luco (1849-1933), y en Sud-América, que dirigió Daniel Riquelme Venegas (1857-1912) y Luis Salinas Vega. En 1875, los trabajos comenzaron a publicarse en la Revista Chilena (1875-1880), dirigida hasta 1876 por Diego Barros Arana y Miguel Luis Amunátegui.

La Academia extendió sus actividades hasta 1881 y fue una agrupación que tuvo "gran influjo en las ideas políticas, educativas y literarias de ese período. Tal influencia, por supuesto, no se da en un vacío histórico, sino que refleja a su vez ciertas bases y alianzas que ya permiten caracterizar al país como una sociedad que está experimentando un cambio, abriéndose poco a poco a sectores medios; por mucho que esa fisonomía recubra, es cierto, un poder compartido con los sectores dominantes y tradicionales" (Subercaseaux, p. 19).