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estilo Diaguita-Inca

En el siglo XV, la sociedad indígena avecindada en el centro actual de Chile supo de la llegada de emisarios cusqueños provenientes desde el centro y provincias del imperio incaico a los valles del Norte Chico. Dichos funcionarios habrían de establecer, luego, tres santuarios en la cumbre del volcán Aconcagua, en el cerro El Plomo y cerro Peladeros, cuyos glaciares dan origen a los ríos Aconcagua, Mapocho y Maipo. De esta manera, los valles conquistados no serían los mismos hasta la invasión española, ya que ahora gran parte de las comunidades Aconcagua formaban parte íntegra del Collasuyo Inca.

Con la colaboración de las comunidades Aconcagua, los Incas construyeron grandes sistemas de riego, compuestos de acequias y canales, para aumentar la producción agrícola de los fértiles valles transversales y la depresión intermedia. También edificaron diversos asentamientos administrativos utilizando su arquitectura de planta ortogonal y muros dobles de piedra. Tales instalaciones se ubicaron sobre cordones de cerros o cerros islas, los cuales fueron articulados por el camino incaico longitudinal y diversos ramales e instalaciones de enlace que permitían el ingreso y salida de la región por la vía imperial que comunicaba expeditamente Chile central con sus regiones vecinas y con la capital, Cusco.

La alfarería característica de la época incaica en la región es el tipo Aconcagua tricromo engobado. Éste comprende piezas cerámicas como escudillas o pucos decorados por el interior con evidente influencia Diaguita-Inca. Las piezas cerámicas han sido recuperadas principalmente en aquellos sitios en que el tipo Aconcagua Salmón posee una mínima representación, por ejemplo en San José de Piguchén, en El Palomar y Campiche. Todos ellos se localizan en la cuenca del río Aconcagua donde la presencia incaica se encuentra bien documentada a través del estudio de asentamientos exclusivos del Tawantinsuyo como en cementerios donde se encuentran tumbas con ofrendas incaicas y locales.