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la ciudad y sus problemáticas

"Carente de decencia, marginal, fantoche
Patipelá, espingarda ciudad.
Se nos muere esta loca
Con una estocada en el lado izquierdo"


(Huellas de siglo, "Santiago tango", p. 17)


La ciudad en la poesía de Berenguer representa un espacio de resistencia y crítica al poder, tanto en el contexto dictatorial de los años ochenta, como en el democrático de los años noventa. Es la escena donde escribe e inscribe su poética, "callejera en su escritura; ruidosa y bullanguera que rastrea huellas perdidas y recoge restos, como interrogación a los modos de construir sentidos literarios de una época" (Olea, Raquel. "Naciste pintada. Cosa pública. Casas privadas", p. 147).

En Huellas de siglo la autora encuentra el espacio preciso para escenificar la ciudad. Una de sus interpretaciones es la de un burdel, "donde nada se sustrae a convertirse en mercancía" (Sepúlveda, Magda. "Representaciones de Santiago en Huellas de siglo de Carmen Berenguer", p. 115). Así, partiendo de esta lectura, Berenguer llega a expresar su repudio ante esta ciudad marcada por la economía neoliberal, "llamándola ciudad prostituta" (Sepúlveda, Magda. Op. cit., p. 124), la misma ciudad que volverá a aparecer en Naciste pintada y Mama Marx.

En Naciste pintada la ciudad representada "es neobarroca, maquillada y, esencialmente, travesti" (Calderón, Tatiana. "Cartografía de la ciudad: la casa subversiva en Naciste pintada (1999) de Carmen Berenguer", p. 43). El libro pone de manifiesto una evidente hibridez del discurso, lo que permite rearticular "lo urbano desde la perspectiva de una mujer poeta habitando un mundo fragmentado y fragmentario" (Calderón, Tatiana. Ibídem). La ciudad configura la voz de la hablante, pero a la vez, funciona como telón de fondo del crimen pasional que motiva la crónica roja, lo cual propicia un texto que pone en escena, por un lado, una ciudad en contante transformación, y por otro, un tránsito hacia otras formas textuales.

En tanto, en Mama Marx Berenguer regresa sobre la escena citadina, sus espacios y los personajes que la componen, para desplegar "una ácida mirada a la transición política nacional, así como a la monumentalización de la cultura" (Lange, Francisca. "Mama Marx", p. E15), crítica coherente y latente desde sus primeros poemarios publicados durante los años ochenta.