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Viviendas urbanas

El importante desarrollo que se experimentó en Chile a partir de mediados del siglo XIX de mano de la exportación de materias primas provenientes de la minería y de la agricultura, produjo en la oligarquía una necesidad de posicionamiento social que se tradujo en una ostentación de la riqueza que dejó una huella significativa en la construcción de sus viviendas. Esta emergente burguesía fue la que apareció en la lista de las principales fortunas chilenas publicadas en 1882 por Benjamín Vicuña Mackenna en el diario El Mercurio.

La contratación del arquitecto Claude Francois Brunet de Baines y de Lucien Hénault por parte del Gobierno, fue aprovechada por las familias adineradas, especialmente por los magnates mineros. De esta manera, durante este periodo se construyeron un sinnúmero de grandes residencias influenciadas por el estilo Neoclásico europeo: la casa de Melchor Concha y Toro, de los MacClure, del General Bulnes, de Ignacio Larraín, de Javier Ovalle, del Almirante Blanco Encalada, de Álvaro Covarrubias, de Luis Pereira.

En estas construcciones se le daba mucha importancia al sector de recepción, salones y saloncitos de recibo diario, salas de música, bibliotecas y gabinetes de lectura. Predominaban los dorados, las arañas de cristal, los mármoles, las alfombras y los cortinajes. Por lo general, en la entrada de la vivienda había una imponente escalera de mármol que desembocaba en los principales aposentos, cumpliendo, de alguna manera, la función del patio tradicional.

La labor de Brunet y Hénault fue secundada por otros arquitectos extranjeros. Entre éstos primó el estilo impuesto por la Escuela de Bellas Artes de París, una corriente europeizante que le puso fin a la simplicidad y austeridad de la arquitectura colonial y abrió las puertas a los más variados estilos: Historicista, Imperio, Eclecticismo. Un buen ejemplo fue la vivienda del minero José Santos Ossa que mandó a construir una copia del Palacio de la Alhambra en la calle Compañía.

Entre las edificaciones más destacadas de este periodo se encuentra el palacio Cousiño, propiedad de Luis Cousiño e Isidora Goyenechea, construido por Paul Lathoud, quien también construyó el Palacio Arrieta y el Palacio que ocupa el Museo de Historia Natural; el palacio Errázuriz, de Maximiano Errázuriz y Amalia Urmeneta, que fue diseñado por el arquitecto italiano Eusebio Chelli en 1872, quien también diseñó modificaciones para la Recoleta Domínica y el Buen Pastor.

El sector sur-poniente de la ciudad, integrado por los barrios República, Dieciocho y Ejército, experimentó un deslumbrante crecimiento entre 1865 y 1925 ya que allí se construyó buena parte de las mansiones de la burguesía santiaguina. Las nuevas fortunas, los adelantos y las nuevas formas modernas de concebir el espacio doméstico y la ciudad, fueron todos elementos que se conjugaron en estas construcciones. Finalmente, estos cambios mudaron el aspecto rural del sector que terminó por convertirse en uno de los más elegantes de la ciudad.