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Fundación del Partido Conservador

Durante el segundo mandato del presidente Manuel Bulnes (1847-1851) se promulgó la amnistía a los liberales que participaron en la guerra civil de 1829 y 1830. Esto permitió el retorno de los exiliados y dio espacio al crecimiento de la opinión pública junto a una importante apertura política. Dichas libertades y la oposición radical de los jóvenes liberales -influenciados por las ideas republicanas de la revolución francesa y a la fundación de su propio partido-, empujaron al bando conservador a elegir un candidato más autoritario para que sucediera a Bulnes.

De esa forma fue electo Manuel Montt (1809-1880), quien desde su primer año de gobierno lidió con los liberales radicalizados, específicamente con quienes propiciaron la revolución de 1851. Montt se identificó con el antiguo ideario portaliano y ganó adeptos entre los grupos conservadores y liberales más moderados al sofocar la revolución. En ese contexto, un grupo importante de miembros del Congreso, el gobierno y la Iglesia católica publicaron un manifiesto que sirvió como antecedente fundacional del Partido Conservador.

Según la historiadora Ana María Stuven, en dicho documento se resaltó la estabilidad republicana de Chile alcanzada por "su organización institucional y su progreso material", además agregó que "con este documento, el Partido Conservador define una postura ideológica, asume un carácter de partido político, y traza la línea desde donde la oposición constituye, por lo tanto, otro partido" (Stuven, A., La seducción de un orden. Las elites y la construcción en las polémicas culturales y políticas del siglo XIX, Santiago: Ediciones Universidad Católica, 2000, p. 287).

Manuel Montt impulsó el desarrollo del país a través de la construcción de caminos, puentes y ferrocarriles, la anexión de territorios en el sur -sobre todo de la Araucanía-, el aumento del comercio internacional, la migración de colonos europeos y un amplio plan de desarrollo educacional, que significó, entre otras cosas, la promulgación de la ley de instrucción primaria y la fundación de la Escuela de Preceptores. Sin embargo, esos avances no fueron suficientes para mantener la calma y el consenso político al interior de la elite chilena.

Uno de los elementos conciliadores entre liberales y conservadores fue la unión entre la Iglesia católica y el Estado, ya que la mayoría de la oligarquía nacional profesaba esa religión y los lazos entre las familias importantes y el clero eran muy estrechas. En cambio, el presidente Montt tuvo la intención de disminuir la influencia religiosa en los asuntos políticos para avanzar hacia la conformación de un Estado laico, lo que tensionó las relaciones entre las diferentes facciones conservadores.

Según el historiador René León Echaiz fueron tres los principales episodios que permitieron la ruptura entre los conservadores católicos, la Iglesia y el gobierno: el reemplazo de los religiosos por civiles en la dirección del Instituto Nacional, sobre todo en el cargo de rector; la oposición del gobierno de Montt al restablecimiento de la Compañía de Jesús propiciada por el arzobispo Rafael Valdivieso; y por último, la "cuestión del sacristán", conflicto judicial que instaló la polémica sobre la existencia de dos sistemas de justicia paralelos, el eclesiástico y el civil (León E., R., Evolución histórica de los partidos políticos chilenos, Santiago: Editorial Francisco de Aguirre, 1971, p. 29-30).

Estos conflictos llevaron a un grupo importante de políticos y partidarios de Montt a alejarse de su lado y conformar, en 1857, el Partido Conservador, para representar tanto a los civiles católicos como a la Iglesia chilena. En apoyo a Manuel Montt se formó el Partido Nacional o "Monttvarista". Desde entonces, las principales ideas del Partido Conservador giraron en torno a su carácter confesional, es decir, "la defensa de los intereses eclesiásticos, especialmente en el periodo de laicización de las instituciones y de la separación de la Iglesia y el Estado. […] un debilitamiento de la autoridad presidencial" y el fortalecimiento del parlamento como espacio de poder político y solución de conflictos (León Echaiz, ídem, p. 31-32).

Igualmente, el nuevo lugar de oposición que ocupó el partido hizo ceder a sus miembros frente al fortalecimiento del liberalismo y permitió la generación de un ambiente reformista y el comienzo de un proceso político que llevó a la elite en conceso a instalar primero una república liberal y luego un sistema parlamentario.

En ese sentido, la historiadora Ana María Stuven ha señalado que "los conservadores […] preferían subyugar el problema de la autoridad a la defensa de la religión católica y de la institucionalidad que la respaldaba" y reaccionaron "fieles al concepto de república que los ha unido, defendiendo el derecho natural, y, por lo tanto, el bien común por sobre el individual, aunque al mismo tiempo asumieran banderas liberales […]. Así, paradójicamente, los conservadores favorecerán aspectos de la libertad de enseñanza, y de las luchas por la ampliación del sufragio, a fin de asegurar las condiciones de supervivencia de su predominio social" (Stuven, A. M., Republicanismo y liberalismo en la primera mitad del siglo XIX: ¿hubo proyecto liberal en Chile?, publicado en Gazmuri, C., Loyola, M. y Grez Sergio (compiladores), Los proyectos nacionales en el pensamiento político y social chileno del siglo XIX, Santiago: Eds. UCSH, 2002, p. 72).

Durante sus primeros años de existencia, tanto el púlpito utilizado por los párrocos en las iglesias en todo el territorio nacional, así como el periódico El Independiente, la Revista Católica y otros órganos de prensa, fueron lugares donde Partido Conservador intentó influir en la ciudadanía y en la opinión pública..

Entre 1860 y 1870, el Partido Conservador fue parte de la fusión liberal-conservadora, que permitió el fortalecimiento de la "política de partidos", por sobre la supremacía de la figura del presidente de la república.

Una vez consagrado, específicamente en 1878, el Partido Conservador organizó su primera gran convención nacional con la finalidad de unificar criterios en los diferentes temas de importancia que se discutían en el parlamento. Entre los destacados líderes de esa convención se encontraron experimentados intelectuales y políticos como José Zapiola, Carlos Walker Martínez, Zorobabel Rodríguez, Abdón Cifuentes, entre otros.

Los temas discutidos fueron sobre descentralización administrativa, libertad electoral, libertad de asociación, libertad de prensa y de enseñanza, entre otros. Respecto a la visión del partido para ese entonces, Abdón Cifuentes señaló, en uno de sus discursos, que el Partido Conservador, en su afán por evolucionar, "ha entrado en la vida de la libertad, trabajando por robustecer la autoridad para liberar al país de la amargura. Queremos independencia de la Iglesia, queremos entera y completa emancipación de poderes extraños al régimen de conciencia. […] Los conservadores queremos mantener los principios fundamentales de las sociedades civilizadas, como la religión, la familia, la propiedad, en una palabra, todo lo que asegure la vida moral del individuo y tienda a la obra perfecta de la creatura humana" (Partido Conservador, Reseña de las XIV convenciones generales del Partido Conservador: 1878-1947, Santiago: Imprenta Chile, 1947, p. 14). Esos ideales rigieron las prácticas del partido en el Congreso Nacional y los sucesivos gobiernos hasta las primeras décadas del siglo XX.