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El lujo en Chile

A la par con la transformación de los espacios de vida y costumbres de la élite de Santiago, se generaron nuevos patrones de consumo ligado al lujo. En este sentido, se trataba de elevar el nivel de los gastos suntuarios, de manera de diferenciar más claramente la élite de las capas medias que se estaban reforzando en el último tercio del siglo XIX, en primer lugar con la consolidación de la administración del Estado, en segundo lugar con la modernidad y el desarrollo de nuevos sectores de actividad. En este sentido, la elite, para conservar su hegemonía simbólica sobre la sociedad, desarrolló nuevas estrategias para alejarse de estas capas pujantes, que intentaban integrarse o asemejarse a ella, imitando su estilo de vida.

Este fenómeno tuvo su correlato en la instalación de nuevos circuitos de adquisición y de difusión de los productos, entre los cuales se pueden incluir el comercio minorista y las grandes tiendas, las exposiciones, como también las revistas que empiezan a circular a partir de 1905. Sin embargo, también suscitó muchas críticas, ya que se consideró el lujo como responsable de la ruina económica y moral de varias familias de élite, por una parte porque debilitaba el rol de la mujer en el hogar, por otra parte porque alejaba a los hombres de su función política y pública, confinándolos a una vida ociosa y provocando lo que Enrique Mac-Iver identificó en 1910 como una "crisis moral de la República".